Y para los cinéfilos...
Alejandro Amenábar no conoce el fracaso. Desde su debut en 1996 con "Tesis" este director solo ha visto el triunfo en sus películas. La última fue "Mar Adentro" que consiguió el Oscar a mejor película extranjera. Ahora con "Ágora" es posible que levante más de alguna ampolla y divida a la crítica como nunca antes en su filmografía. Ya en el Festival de Cannes, el filme no recibió los aplausos que se esperaban y por ello, Amenábar realizó un nuevo montaje del filme quitando casi media hora de película. "Ágora" no solo es la película con mayor presupuesto del cine español (50 millones de euros) sino la más ambiciosa de este joven realizador. La historia transcurre en el año 391 D.C. en Alejandría, una ciudad que vivía su mayor esplendor cultural y filosófico. Es en esta época que conocemos el personaje de Hipatia (Rachel Weisz), una filósofa y astrónoma que quedó en el olvido hasta la Edad Media cuando los poetas románticos comenzaron a estudiarla. Amenábar tuvo que recrear toda la ciudad de Alejandría con su faro y biblioteca y además, las convulsiones sociales que comenzaban a vivirse en la ciudad con la llegada de los judíos y cristianos. La película nos muestra con ojos externos cómo una época tan antigua se asemeja tanto a la que vivimos actualmente. Las religiones quieren el poder de la ciudad ante la decadencia del Imperio Romano y los paganos y estudiosos comienzan a perder su lugar en la sociedad. Sin dudas, "Ágora" es una superproducción, con un vestuario documentado y una realización asombrosa. La dirección es lo mejor de la película, aunque no tanto el trabajo de Rachel Weisz quien resulta fría en ciertas ocasiones y alejada de la realidad de su personaje. A diferencia del resto de las cintas de Alejandro Amenábar, "Ágora" no es para todos los públicos. La religión es el tema principal desde donde parten todas las tramas de la historia y está tocado con una sutileza admirable aunque los espectadores religiosos puedan sentirse ofendidos en alguna ocasión, pero deben tener en cuenta que sólo se cuenta la realidad histórica. Lo único ficticio es el personaje de Davo, un esclavo de Hipatia, soñador, enamorado y con las dudas generales de cualquier ser humano. Una película asombrosa y reflexiva. Una obra maestra.