Y para los cinéfilos...
Hace años que Hollywood sigue haciendo caja reinventando clásicos del cine o historias ya vistas o contadas varias veces. A finales de 2008 es el turno de "Ultimátum a la Tierra", un remake del filme de ciencia ficción de Robert Wise de 1951. En aquel clásico, un platillo volador aterrizaba en Washington D.C. y de él salía Gort, un robot que lanzaba un rayo que fulminaba las armas y tanques dispuestos a atacarle. Lo mejor de esta película era Michael Rennie, que interpretaba a Klatuu, el representante de varias civilizaciones extraterrestres. En esta nueva y costosa versión de la historia escrita originalmente por Edmund H. North, una nave espacial esférica aterriza en Central Park (Nueva York), saliendo de ella Gort, el dichoso robot que ahora se parece más a una estatua gigante de un Oscar. Mientras que Klatuu está ahora interpretado por Keanu Reeves, en una actuación fría y vacía de expresiones que lleva al aburrimiento. Se supone que Klatuu debe ser inexpresivo ya que no comprende la raza humana ni la conoce, pero el actor de "Matrix" se toma muy en serio su papel resultando en una actuación absurda y muy aburrida. Una vez más, la historia se centra en el mensaje que nos envían nuestros vecinos galácticos. En la película original (en una época de miedo nuclear) el mensaje rezaba que seríamos destruidos si no dejábamos de matarnos mutuamente. Pero ahora, el mensaje de 2008, es completamente medioambiental pareciendo más bien una campaña de Al Gore. El mensaje es claro: si la raza humana continúa como hasta ahora, la Tierra no sobrevivirá; pero si los humanos desaparecemos, el planeta sigue su curso. En medio de este drama aparece una científica (Jennifer Connelly) que intentará convencer a Klatuu y demostrarle el lado "humano" de nuestra raza que él no conoce. La versión de Robert Wise mostraba una especie de paranoia poética que llegaba a hermanar a los espectadores, pero esta entrega de Scott Derrickson es fría y poco creíble.