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Para Antonio Hernández, " Oculto" es su película más personal: "En ella me reconozco", dice, al referirse a este thriller que abarca desde lo psicológico a lo onírico; pues él nunca se ciñe al esquema de un género, sino que pone sus reglas "al servicio de una idea" y "para descubrir al ser humano". Actualmente rueda "Los Borgia", su primer filme histórico y que supone un salto cualitativo en su carrera, antes marcada por el intimismo, y ahora manejando un plantel de más de 80 actores y un presupuesto superior a los diez millones de euros, Antonio Hernández -autor de la aclamada " En la ciudad sin límites"- se reafirma en el carácter íntimo y personal de "Oculto", protagonizado por Leonardo Sbaraglia, Laia Marull y Angie Cepeda, y que se estrena el próximo día 4. "Aunque ´En la ciudad sin límites´, tenía algo en común conmigo, la muerte de mi padre, no había en ella nada más autobiográfico. ´Oculto´, en cambio, es mi película y la de mi gente. En ella me reconozco. Yo, en las historia de amor, tengo la sensación de que alguien me ha engañado o de que ha habido algo que no he sabido solucionar, y en esta película hablo de esas cosas que me tocan", dice. Y reitera que éste es su trabajo más logrado: "Es la película en la que más me he acercado a lo que pretendía. Me atrapó cuando la vi, y me sigue atrapando". "Oculto" se centra en un triángulo pasional atípico. Dos mujeres, de carácter opuesto, y un hombre coinciden en una conferencia sobre el poder de los sueños. A partir de ese momento, se establecen extraños lazos entre los tres, partiendo del mundo onírico de Natalia, el personaje de Angie Cepeda, una extrovertida y pasional ejecutiva, con alergia al compromiso y atormentada al no entender el significado de sus pesadillas. El misterio comienza cuando Beatriz, a quien encarna Laia Marull, una mujer de carácter tímido y fiel creyente del amor para toda la vida, presenta extrañas pruebas que coinciden con los sueños de Natalia y que remiten a un secreto del pasado. En medio, Alex (Sbaraglia) se verá arrastrado a intentar esclarecer ese destructivo misterio. "Me gusta la ciencia ficción y la mejor, la más real y apasionante es la de los sueños", comenta Hernández, quien utiliza este soporte onírico para elaborar una trama de misterio, amor y venganza. "A todo el mundo le afectan los sueños, pero hay gente que cree en su poder premonitorio y, en ese caso, la posibilidad de manipulación es infinita. Utilizar esa debilidad en su contra es la mejor venganza", explica Hernández, quien recuerda su época como realizador del programa televisivo "Inocente, inocente". "Ahí aprendí mucho sobre el ser humano y la manipulación, porque se trataba de hacer creer a un personaje lo increíble y, si sabes de qué adolece, sabes donde atacar", confiesa este director que también aborda en "Oculto" las diferentes formas de afrontar el amor. "Existe una oposición entre el mundo heredado, que habla de religión, familia, y posesión del otro; y el mundo que se acerca, movido por los cambios sociales. Esto provoca la desorientación que vive hoy el mundo occidental", apunta Hernández, quien siempre ha usado el género cinematográfico a su antojo. "Hay unas estructuras narrativas, con sus propias normas, que ya existían en los clásicos griegos, pero a mí me gusta usarlas para descubrir al ser humano", confiesa Hernández, cuyo primer objetivo cinematográfico es, dice, entretener. Pero que, además, busca "hacer películas que no sean previsibles. Me gustaría -dice- lograr lo que hicieron escritores como Borges, Cortázar o tantos otros. Jugar con las reglas narrativas para transformarlas al servicio de tus ideas". En "Oculto", el espectador no tarda en darse cuenta del secreto de la trama, de quién es el manipulador. "Soy honesto con el público -explica-. No me gusta ni Hitchock ni esas películas cuyo principal atractivo es descubrir quién es el culpable. A mí me preocupa por qué hace daño, a qué viene algo tan terrorífico, por qué siente tanto rencor y si éste sirve para algo". "Es una apuesta muy personal", apunta Antonio Hernández, quien rinde en "Oculto" su particular homenaje a Kubrick, al incluir como constante de los sueños de la protagonista el monolito de "2001: Una odisea del espacio". "Esa película me cambió la vida. Por ella decidí hacer cine. Pero no sólo eso, me dio otra perspectiva, la de ver al género humano desde fuera y entender su insignificancia. Somos un segundo en la historia del Universo, y por eso decidí que el rato que esté aquí lo tengo que aprovechar siendo lo más positivo posible", señala el cineasta, quien añade: "La verdad es que yo lo he aprendido todo en el cine, con los grandes maestros como Welles, Lynch, Truffaut, Passolini... y claro, Kubrick. Hacerle este homenaje me hace sentir más cerca de él".
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