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Ariane Ascaride
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Ariane Ascaride lleva 30 años como actriz, un oficio que considera "una carrera de fondo" en la que hay que "mantener el tipo". Por eso, en estos tiempos en los que, dice, se anima a los jóvenes a creer que serán estrellas de la noche a la mañana, cree que no ser alta y rubia, "en el fondo" la ha salvado. " El oficio de actor es perdurar en el tiempo, -afirma Ascaride- porque es algo que se va aprendiendo constantemente y a mí el no tener unas piernas de dos metros ni ser rubia me ha salvado, porque soy muy terca y cabezota. Siempre supe que nadie ni nada me iba a impedir hacer lo que quería y cuando no lo consigues rápidamente te haces preguntas como ¿realmente qué quiero contar yo? Llevo mucho tiempo en el oficio, pero durante muchos años nadie sabía cómo me llamaba". De hecho, la actriz, protagonista de la mayoría de los filmes de su marido, el cineasta Robert Guédiguian, se dio a conocer para el gran público cuando en 1998 ganó el César con "Marius y Janette". Pero Ascaride, que el próximo viernes estrena "Bordadoras" venía del teatro y tiene en su haber más de 40 filmes. Por eso considera que hacer creer a los jóvenes intérpretes que, rápidamente, pueden convertirse en estrellas, "mata al actor", confiesa ante un grupo de periodistas. "Bordadoras", premiada en la Semana de la Crítica de Cannes en 2004, supone el debut en la dirección de Eléonore Faucher, una joven de 32 años que escribió el guión de esta cinta que enfrenta a dos mujeres de distintas generaciones. Una joven embarazada que se oculta para dar a luz y entregar a su bebé en adopción. Y una madura bordadora que acaba de perder a su hijo. Entre ambas se creará un vínculo marcado más por los silencios en torno a un bordado, que por las conversaciones. "Me gusta trabajar con los jóvenes directores porque, a menudo, están desbordados. Tienen claro su punto de vista, lo que quieren rodar y cómo hacerlo, todo de forma muy precisa, pero se ven excedidos porque quieren meterlo todo en esa primera película, y eso es lo que les supera. Y a mí me gusta ponerme al servicio de esa superación", explica Ascaride, quien añade que, por lo general, en estos casos, consigue una relación cómplice con ellos que resulta "muy rentable". Ascaride es la musa de Guédiguian, un cineasta prolífico acostumbrado a rodar casi una película al año. El director de filmes como " Marius y Jeannette" o " La ciudad está tranquila", acostumbra a rodar siempre con el mismo equipo y, por lo general, en su Marsella natal. Pero eso no impide que la actriz saque tiempo para otros proyectos. La diferencia entre rodar con su compañero sentimental y otros cineastas reside en una complicidad que les lleva a "no necesitar hablar", como explica la actriz: "Robert, yo y todo el equipo contamos, en cada película, nuestra visión del mundo. La ventaja de trabajar con él es que, mientras los otros realizadores siempre tienen miedo a si la elección del actor ha sido la correcta, esa pregunta nunca se plantea con él. Y eso nos permite ir muy lejos". Sin embargo, Ascaride reconoce que cuando está en manos de otros cineastas, el hecho de querer ofrecer siempre lo mejor de sí misma como actriz y huir de los conflictos en el rodaje hacen que no cambie demasiado trabajar con Guédiguian o con otro. "También es una cuestión de edad y experiencia", añade, para luego reseñar que cuando no está a las órdenes de su marido, es como vivir "en unas vacaciones con trabajo. Es otra cosa", admite. En el caso de "Bordadoras", aceptó el papel porque esta mujer extrovertida, llana y charlatana, dice estar acostumbrada a hacer papeles acordes con su personalidad y, en este caso, se trataba de lo contrario, de un trabajo "basado en los silencios y la introspección". Ascaride tiene pendiente de estreno su último filme con Guédiguian, "El viaje a Armenia", que se presentará en el próximo festival de Cannes, y de cuyo guión se ha encargado ella, aunque el cineasta, de ascendencia armenia, le ha dado los últimos toques. Se trata, cuenta, de la historia de una mujer que va en busca de su padre, quien ha huido a su país de origen, Armenia, al serle diagnosticada una enfermedad cardíaca. "Ella no sabe nada de ese país, pero tiene una visión muy clara de la vida y en Armenia descubrirá un lugar con un liberalismo salvaje, pero donde a su lado conviven valores magníficos". "Cuando fui por primera vez me inquietó descubrir un país anárquico que, como el resto de las ex repúblicas soviéticas, ha basculado, tras 60 años de comunismo, hacia un liberalismo donde caben mafias y de todo; pero donde perduran unos valores hoy casi extinguido en Europa, la bondad y la gentileza", concluye Ascaride.
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