10/08/2007
El realizador Brett Ratner confiesa que su afabilidad y su amor por lo hispano le viene de sus orígenes cubanos, pero los millones le llueven gracias al éxito de la saga de "Hora punta", que hoy estrena su última entrega.
"De todos modos mi éxito está basado en mis amigos, no en mis películas", aclara este director de 38 años nacido en Miami. Es raro verle solo, siempre acompañado de una lista de amistades de lo más variopinta, más larga que su filmografía y que incluye desde sus diferentes novias (la tenista Serena Williams o la actriz
Rebecca Gayheart) a sus más íntimos, como el productor
Robert Evans, el multifacético
Warren Beatty o la estrella del pop
Michael Jackson. Gente con la que dice hablar de todo aunque, sobre todo, de cine. "Esa es mi pasión, ¿sabes? Un sueño de infancia, y cuando sientes tanta pasión es innegable y los actores lo notan. La industria nota cuánto adoro mi trabajo y me da lo mejor", explica.
El público también lo nota porque, con una carrera que ni llega a los diez títulos en cine, Ratner ha hecho correr los millones en la taquilla mundial. En especial con la saga de "Hora punta". La primera entrega y película que puso a Ratner en el mapa de Hollywood recaudó 247 millones de dólares en 1998, cifra que superó con cien millones de dólares más gracias a su "
Hora punta 2" en 2001. Sin embargo, la tercera entrega de las aventuras de este peculiar par de detectives que encarnan
Jackie Chan y
Chris Tucker se hizo esperar más de lo que su público hubiera querido. "No pasó nada. Todos queríamos hacerlo. Pero es difícil organizarlo todo y necesitábamos el guión perfecto", explica el realizador de un filme que acabó llevando a París.
También fue necesario un contrato perfecto que le dio a Tucker más de dieciocho millones de euros por su primer trabajo cinematográfico desde "Hora punta 2", a Chan otros once millones y a Ratner, 5,5 millones. A pesar de estas exorbitantes cifras, Ratner sigue hablando de pasión y amistad a la hora de hablar de cine, un medio que aprendió a amar cuando hizo novillos en el colegio para "colarse" en el rodaje de "
El precio del poder" (1983), su película preferida. "Allí vi a
Al Pacino y pensé que quería ser como él hasta que vi a (el director
Brian) DePalma diciéndole lo que tenía que hacer y Pacino haciendo lo que le decía Brian, y me di cuenta que de mayor quería ser el que le dijera a Pacino lo que tenía que hacer", dice.
Dados sus orígenes, Ratner es consciente de que esta misma pasión le podía haber llevado a ser torero, dada la estrecha amistad que unía a su madre, Marcia, con Marina Danko, esposa de la figura española del toreo
Sebastián Palomo Linares. "Pero por mucho que me gustan las corridas, por aquel entonces era muy pequeño y nunca llegué a verle torear", explica. Los toros es una de las muchas pasiones heredadas de la cultura hispana que le imbuyeron su madre y su abuela, Finata, ambas cubanas de origen, y una isla que visitó en busca de sus raíces familiares. "Hablo ´un poquito´ de español, aunque mi gramática es floja. Se me da mejor la comida cubana y el estilo de vida hispano, lleno de vida", enumera. De ahí que incluya entre sus amistades a actrices hispanas con las que ha trabajado, como la mexicana
Salma Hayek ("
El gran golpe") o la puertorriqueña Roselyn Sánchez (en "Hora punta 2") y se una al gusto general por el cine hispano. "¡Esos directores mexicanos están tomando Hollywood!", añade admirado pero sin una gota de envidia.
La envidia no es el estilo de este director que, de ser criticado por algo, lo es por tener mucho éxito pero ser muy gregario. "Mis rodajes son muy divertidos, pero también soy muy duro porque no me conformo con lo más simple", aclara para no llamar a engaño. Pero su deseo es seguir "coleccionando" esas amistades que además fotografía en ese "fotomatón" que tiene en el sótano de su mansión en Los Ángeles y con las que ya está preparando un segundo libro, esta vez con las instantáneas de los aspirantes a la Presidencia estadounidense Hillary Clinton y John Edwards, entre otros de sus últimos conocidos. "Me divierto con lo que hago y no tengo nada que ocultar. No bebo, no tomo drogas y hago lo que siento. Así que, si me juzgan, es su problema; pero yo disfruto con mi vida todo lo posible, como aprendí de mi madre", resume con ilusión y energía.
Rocío Ayuso, Los Ángeles (EEUU)