24/05/2006
El público del Festival de Cine de Cannes (Francia) otorgó un recibimiento muy emotivo, con interminables y densos aplausos, a la película española "Salvador", en la que su director Manuel Huerga evoca la vida del anarquista Salvador Puig Antich y la de los familiares y amigos que intentaron evitar su ejecución a garrote vil, el 2 de marzo de 1974.
El homenaje al joven anarquista muerto, a aquellos que intentaron evitarlo, al director de la película, a su productor,
Jaume Roures, al equipo del filme y a las hermanas Puig Antich, presentes en la sala, sólo se calmó cuando una de ellas lo pidió. Sin su decidido gesto, los aplausos parecían más bien estar destinados a arreciar, por parte de todo el público, en pie e inmóvil. El productor del filme, quien hacía años quería impulsar la creación de una película sobre esa España no tan lejana, dijo estar "muy contento" con el sentir que se desgranaba en la sala Debussy, donde se estrenó. "Esto es lo que queríamos hacer, lo hemos hecho y nos ha salido bastante bien. Queríamos presentarlo aquí, que era un buen marco, y lo hemos conseguido también, ahora, vamos a ver cómo va", agregó Jaume Roures, quien prevé estrenar la película en España el próximo septiembre. El problema es que las hermanas de Salvador Puig Antich, que hace unas semanas, en la primera proyección, "estaban muy tensas", venían hoy "muy relajadas y les ha caído todo esto encima y están echas polvo. Lo siento", añadió.
El director del filme, por su parte, encontró la reacción del público "muy emocionante". "Que la gente llore en esta película no es una novedad, pero era muy importante ver cómo lo recibía el público de aquí, porque, hasta ahora, lo que habíamos visto eran reacciones de un público local, español, catalán", al que resulta más lógico que este tema impresione profundamente. En cambio, "el hecho de que aquí también haya habido este tipo de reacción", quizá signifique "que hemos hecho una película universal, que es de lo que se trataba", manifestó.
La emoción del momento no impidió a una parte de la asistencia esperar a los protagonistas del filme, en especial al actor hispano-alemán
Daniel Brühl para pedirle autógrafos. Como algunas de sus jóvenes admiradoras, el intérprete de "Salvador" y actrices del filme como
Leonor Watling no podían, ni intentaban ocultar sus ojos enrojecidos.
La película deja impronta, en gran medida porque no intenta convertir a Salvador en un héroe, ni en una persona fuera de lo común, sino que le muestra como un joven más de la pequeña burguesía española de la época, que se rebela contra una dictadura, con sus errores y equivocaciones, sus imperfecciones y su natural humanidad. Sólo, muy de pasada, el filme recuerda que la rebelión de tintes violentos en la que cayó Salvador no fue totalmente casual. Pues su padre, que nunca llegó a visitar a su hijo en la cárcel, había conocido en su propia juventud las pésimas condiciones de los campos de refugiados franceses tras la Guerra Civil española (1936-39) y, a su vuelta a España, una condena a muerte, que en su caso se cerró con un indulto.