26/04/2006
Glorificado en festivales y proclamado como uno de los mejores realizadores franceses de su generación, el director y guionista
Jacques Audiard espera no haberse convertido en el cineasta de moda por su cuarto largometraje, ´De latir mi corazón se ha parado´, remake del clásico del cine independiente norteamericano que
James Toback firmó a finales de los setenta, ´Fingers´.
"Sería terrible estar de moda. Voy por libre, no pertenezco a ninguna escuela ni formo parte de un grupo. Me gusta saltarme las normas, soy un granuja, eso sí, educado", señala este profesional parisino que ha sido bautizado como el nuevo maestro del thriller francés. Hijo del director y guionista
Michel Audiard, el también autor de ´Un héroe muy discreto´ y ´Lee mis labios´ fue el triunfador de la última edición de los Premios César -los Goya galos- al conseguir ocho de los diez galardones a los que optaba con ´De latir mi corazón se ha parado´, historia ambientada en la capital francesa que sigue a un joven destinado a seguir los pasos de su padre en el sórdido y a veces brutal negocio inmobiliario.
Pero un encuentro casual le lleva a creer que puede seguir los pasos de su madre y convertirse en pianista. Una audición con una virtuosa intérprete china podría cambiar su futuro.
Romain Duris -´Las muñecas rusas´- es el protagonista de esta producción que el viernes se estrena en España, donde Audiard empieza el día con un expresso corto y un purito.
Dice el director que él también ha tenido problemas para encontrar la película original, ´Fingers´, con un
Harvey Keitel metido en el papel de gánster en el mundo de la mafia italiana de Nueva York. "Normalmente son los americanos los que hacen más remakes que los europeos porque su industria cinematográfica es mucho más rica, tienen dinero para adquirir los derechos de los filmes.
Como ´Fingers´ no la había visto casi nadie, a mi productor no le costó mucho mucho dinero hacerse con los derechos. ´Cuando vi ´Fingers´ a finales de los 70 me impactó mucho y esto que fue una época muy interesante, cinematográficamente hablando. No era el mejor filme de esos años, era mucho mejor ´Malas calles´, de Scorsesse, pero durante todo este tiempo ha viajado conmigo ese joven malo que se enfrenta al bien y al mal, a lo feo y lo bonito. Y también me interesaban los otros asuntos que tocaba como la paternidad y maternidad, lo que significa ser hijo, cómo puedes cambiar tu vida si es que puedes hacerlo, cómo te enfrentas a la madurez...", expone.
Tranquilidad
Audiard sabe de lo que habla porque a lo largo de su existencia ha dado varios giros. Quiso dedicarse a la enseñanza, pero no terminó sus estudios de literatura y filosofía en La Sorbona. Después ejerció de montador y adaptó varias obras para el teatro hasta que a principios de los 80, siguiendo los pasos de su padre, comenzó su carrera como guionista. "Pero me harté de escribir en solitario.
Fue mi necesidad de socializarme la que me llevó a ser director. El cine es un arte popular del que me atrajo, sobre todo, el trabajo en equipo, ya que se da una alianza de competencias para hacer un proyecto en común", relata. Conseguir que el espectador llega a tener empatía por un personaje desagradable, en ocasiones odioso, fue uno de los propósitos de Audiard, que cree haber salido airoso del reto. "El protagonista va evolucionando. En el filme original, el personaje es un gánster con una moral muy peculiar.
Estos tipos hacen cosas horribles, pero se les perdona todo debido a su ética. Nuestro protagonista se mueve en el mundo de los inversores inmobiliarios de poca monta, cuyo paralelismo no se puede decir que sea moral porque no hay más que ver lo que está pasando en Marbella y en los hoteles para emigrantes del centro de París. La pretensión era que el público percibiera el bien y el mal. Prefiero a los tipos basura que a los santones porque los primeros están más cerca de la naturaleza humana" afirma.
Muy interesado en la parte más oscura del negocio inmobiliario, campo en el que también localizó ´Lee mis labios´, se llevó con este filme ocho César, entre los que figuraba mejor película y director. "No veo estos trofeos como una recompensa, pero si confieso que me tranquilizaron mucho, me dieron mucha calma. Los galardones también tienen su parte peligrosa porque parece que te dan un título por el que tienes que hacer las cosas, producir, de una manera determinada.
Y yo soy poco amigo de las normas", reitera Audiard, que envió su película a James Toback. "Estaba muy halagado porque un grupito de franceses hubieran hecho un remake de su historia, pero también estaba perplejo por la cantidad de entrevistas que le hacían. En el fondo, aunque es un ´outsider´, estaba encantado con la atención que despertaba".