18/05/2006
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El 59 Festival de Cine de Cannes dejó hoy atrás los oropeles publicitarios del más famoso código de los últimos tiempos para entrar la competición, y allí se topó con que las dos primeras películas en liza coinciden en su voluntad de ser vehículo de denuncia política.
El británico
Ken Loach presentó su visión de la lucha por la independencia irlandesa y la posterior guerra civil en ´The Wind Shakes the Barley´, mientras que el chino Lou Ye retrata la historia de su generación, marcada por la revolución estudiantil y la matanza de la plaza de Tiananmen, en ´Palacio de verano´. Es habitual que Ken Loach toque temas sociales, pero no históricos.
Lo hizo con la guerra civil española en ´Tierra y libertad´, donde quiso mostrar las contradicciones dentro de la izquierda, y repite ahora en ´The Wind Shakes the Barley´, donde narra las luchas por la independencia irlandesa en 1920. Un grupo de campesinos forman un ejército de voluntarios capaz de plantar cara a las atrocidades de los soldados británicos y luchar por la libertad de su país.
Pero la película va más allá y recoge el enfrentamiento interno de los independentistas irlandeses, una vez conseguido su objetivo, respecto al modelo de país que quieren construir. Quienes lucharon codo con codo contra los británicos se convierten en enemigos irreconciliables enfrentados por el acceso al poder económico. La película, que fue acogida con abundantes aplausos, está escrita por
Paul Laverty, guionista habitual de Loach, y protagonizada por un grupo de actores irlandeses casi desconocidos -
Cillian Murphy, Pádric Delaney,
Liam Cunningham y Orla Fitzgerald- a los que se les puede considerar coguionistas, pues recurrieron a los recuerdos familiares de aquellos años para construir sus personajes, y que en algunas secuencias improvisan discusiones políticas, algo habitual en las películas del director británico.
La producción del filme, realizada con la colaboración de diferentes empresas europeas, cuenta con una pequeña participación de
Tornasol Films, la productora del español
Gerardo Herrero. Es una película típica de Loach, honesta y sincera, que no ahorra escenas impactantes de violencia y torturas, y que tiene más fuerza cuando muestra la lucha contra los ingleses que, en la segunda parte del filme, cuando aborda la guerra civil irlandesa, que no queda bien explicada. "La historia de Irlanda es terrible", dijo Loach en Cannes, que recordó que es la segunda ocasión en la que vuelve las mirada a Irlanda.
La primera fue en 1989 con ´Agenda oculta´. "Aquella película hablaba del IRA y del reciente terrorismo en Irlanda del Norte, ahora he retrocedido a los años 20 del pasado siglo porque no se puede comprender la situación contemporánea sin conocer los orígenes", exlicó el cineasta, que recordó que "la guerra colonial contra los británicos se transformo en guerra civil". "Si toda Irlanda hubiese estado unida, estos 80 años de lucha se habrían podido evitar", concluyó.
Sexo y política
En la producción china ´Palacio de verano´, Lou Ye, joven cineasta procedente del movimiento ´underground´, recuerda la llamada ´generación Tiananmen´, que es la suya. La cinta sigue las peripecias de un grupo de jóvenes amigos y estudiantes en la universidad de Pekín desde finales de los años 80 hasta la actualidad. Con Hao Lei y Guo Xiaodong en los papeles principales, muestra a una adolescente que llega a Pekín procedente del campo para estudiar en la universidad. Allí descubrirá la amistad, el sexo y la camaradería en un trasfondo de inestabilidad política en el que los jóvenes descubren el mundo de las manifestaciones por la democracia y la libertad.
La película intenta compendiar elementos muy dispares -el desencanto amoroso, la tristeza de la supervivencia, la caída del Muro de Berlín o la desintegración de la URSS- para explicar la evolución de China desde la matanza de Tiananmen hasta ahora, que el país emerge como una potencia social y económica. Interesante por lo que cuenta y porque lo hace en una atmósfera de tristeza y de sueños rotos, la cinta resulta demasiado larga y reiterativa. Dura dos horas y media, pero con 45 minutos menos de retraje hubiese ganado mucho. Para Lou Ye, ´Palacio de verano´ no es una película política, aunque "el caos afectivo y de relaciones sexuales de los protagonistas va paralelo a los acontecimientos políticos, ya que entre los universitarios de entonces no había temas prohibidos, se hablaba del pasado, del porvenir, de las elecciones libres, del sexo, de la emancipación... Fue un momento capital de mi generación".
El director recordó que "los estudiantes pensábamos ser más libres que nuestros predecesores, y después llegó la represión y se desvanecieron nuestros sueños, pero he querido prolongar la historia hasta el 2003 para mostrar a la China moderna de hoy". "Sin aquella vitalidad, la China de hoy no hubiese sido posible", dijo Lou Ye. La película fue acogida con tímidos aplausos. Mirada sobre París La sección ´Un certain regarde´ se ha abierto con una declaración de amor a la capital de Francia. ´París, je t´aime´ consta de 18 historias en torno a 18 barrios de París, cada una dirigida por un cineasta distinto, de cualquier parte del mundo.
La española
Isabel Coixet dirige el episodio ´Bastille´, protagonizado por el italiano
Sergio Castellitto y
Miranda Richardson, y con pequeñas apariciones de
Leonor Watling y
Javier Cámara. Además, los hermanos Coen dirigen ´Tuileries´, cuya trama no sale de la estación del metro del mismo nombre. Destacan también
Wes Craven (su episodio se centra en el cementerio de ´Père Lachaise´),
Vicenzo Natali,
Walter Salles,
Gérard Depardieu (actor y director del episodio ´Quartier Latin´),
Alexander Payne, Gus van Sant,
Olivier Assayas o el mexicano
Alfonso Cuarón. Nombres famosos a un lado, de todos los episodios el más interesante es el titulado ´Loin du 16ª´, que firman los brasileños Walter Salles y
Daniela Thomas.
Muestra a una trabajadora sudamericana de un suburbio parisino que, tras dejar a su propio hijo en la cuna de una guardería, tiene que coger un tren de cercanías, el autobús y el metro para llegar a un elegante piso del centro de París donde deberá acunar al rollizo hijo de los dueños de la casa, al que susurra la misma nana que le había dedicado a su hijo unas horas antes.