04/11/2005
Lo mío no es vocacional porque acompañé a un amigo del cuartel a una prueba, recité un verso y como salió bien, pues hasta ahora. Esta profesión me ha dado muchas satisfacciones y me ha permitido vivir holgadamente, pero a esas alturas lo único que me interesan son los percebes y las mujeres", declara un imprescindible de nuestro cine,
Manuel Alexandre.
El veterano actor cumple 88 años el próximo 11 de noviembre, día en el que estrena su película "trescientos o trescientos uno, no me acuerdo", ´
Elsa & Fred´, una tierna y entrañable comedia sentimental que insiste en que el amor no tiene edad. La uruguaya China Zorilla, de 84 años, es la partenaire de Alexandre en esta producción de
Marcos Carnevale que desde el pasado julio se exhibe en las pantallas argentinas, donde se ha convertido en un "fenómeno social" al figurar entre las diez primeras cintas independientes con la mejor taquilla de los últimos cinco años.
"Ahora todo está dirigido a los jóvenes. En el cine no se ven viejos, no salen. Y esta película pone en primer plano el romance de dos personas que tienen más de ochenta años. Lo más fácil del mundo ha sido enamorarme de China, a la que agradezco mucho que quisiera hacer este trabajo conmigo. Ella es una gloria y yo sólo un actor español", recalca este vitalista intérprete, que no sabe si el "fenómeno" argentino se repetirá en España. "No sé que ocurrirá aquí con ´Elsa& Fred´, que tiene escenas con las que te ríes mucho y otras que emocionan. Esta película es milagrosa y me ha revelado algo que siempre he sabido, que el amor es lo único que puede salvar a esta civilización, en la que cada vez que pienso me pongo a llorar. Bueno no, porque desde que aprendí a reírme con el diafragma, nunca lloro", asegura uno de los actores de Berlanga. Don Manuel se convierte en un Romeo inesperado de ´Elsa& Fred´, título en el que encarna a un reciente viudo de una mujer muy ordenada que decide vivir cuando conoce a su vecina, una mujer también muy mayor llena de vida. "Somos como dos chavales.
A China y a mí nos unen, además de la profesión, el terror a los aviones y el amor a la Coca-Cola. Me ha resultado muy fácil este trabajo, me he ajustado al texto para ser este señor dulce y vulnerable al huracán China que, poco a poco, sufre una transformación porque abandona sus deberes y su filosofía ordenada y empieza a hacer lo que quiere", apostilla. Soltero y sin hijos -en la película es el padre de
Blanca Portillo, para quien ha sido "un privilegio se la hija de uno de los grandes.
Hubiera pagado por estar en el filme porque he disfrutado y aprendido tanto viendo a China y a Manuel. Es algo que recomiendo a todos mis compañeros", manifestó la actriz-, estuvo once años con la Ponte,
María Luisa Ponte, a quien no ha olvidado. "No se puede vivir sin amor. El amor no tiene edad, por eso la película llega a todos, a chicos y mayores. Lo que hoy el público necesita es amor. Si estas enamorado, la vida es otra"m, subraya ese secundario de lujo con poco protagonistas en su larga carrera. "He hecho mis cosas y he tenido éxitos, pero protagonistas he tenido muy pocos, dos o tres.
No soy ambicioso, pero sí echo de menos no haber interpretado más roles heroicos. Me han dado muchos papelitos cómicos porque como me veían simpático...Yo nunca me he sentido así, por lo que tuve que aprender a reír, hablar y sentir como si lo fuera", recuerda el que fue Goya de Honor 2002 a quien la edad no ha mermado su capacidad de trabajo. Un jugador "Soy un jugador. Empecé a jugar a las cartas a los diez años, en la taberna que estaba al lado del taller de mi padre.
Creo en la suerte, bueno primero en la salud, porque me ofrecen papeles como los de Fred", señala Alexandre, que está rodando a las órdenes de
Santi Amodeo ´Cara de perro´, con el joven
Juan José Ballesta. "Hago de señor mayor. Yo quería que fuese más peculiar, con más tics, pero siempre me pongo a las órdenes del director, no como el pobre
Agustín González, que era tan cabezota que siempre hacía lo que quería porque lo hacía todo muy bien.
Soy un viejo que vive gracias a la ayuda de un chaval, personaje que hace un genio de la interpretación: Juan José Ballesta", comenta el actor, que se lleva muy bien con sus jóvenes colegas. "Hay intérpretes jóvenes buenísimos. Pero nunca digo nombres porque no me gusta elegir. Sólo hablo de mi hermano:
Fernando Fernán Gómez. Para el trabajo no, pero a la hora de acordarme de los nombres se me va la cabeza", expresa Alexandre, para quien es sagrado sus los encuentros con sus viejos amigos.
"No voy a ver espectáculos, veo muy poco cine y casi nada televisión, y tampoco leo los periódicos. No me hace falta. A lo que no falto es a las tertulias del Café Gijón, a las que voy desde 1942", declara este nombre de las compañías teatrasles de Guillermo Marín, Mercedes Prende,
Aurora Redondo e
Ismael Merlo, que tampoco renuncia a jugar a las cartas y al amor. "Tengo pocos sueños por cumplir. Me ha quedado por hacer alguna obra de repertorio como ´El mercader de Venecia´, que ahora han hecho una película que tengo que ver porque uno de mis favoritos es
Al Pacino. Y del cine, pues de las 300 películas que he hecho, 280 me parecen deleznables. He interpretado unos secundarios muy malos, no podía hacer nada con ellos porque no eran nada graciosos", confiesa el actor, que lleva bastante tiempo sin hacer televisión. "Hice cosas muy buenas: ´Fortunata y Jacinta´, ´La Regenta´, ´Los ladrones van a La Oficina´...
Hace muy poco mi agente me consiguió una serie en la que me daban muchísimo dinero. Mi papel era el dueño de una pastelería. Resulta que me dieron el guión un jueves para hacerlo el viernes, y me quedé estudiando hasta las cuatro de la mañana. Al día siguiente, me recogieron a las siete de la mañana e hice las dos secuencias que tenía y que resultaron muy bien porque hubo carcajadas. Pero a la hora de la comida hablé con el director y le dije que lo dejaba porque, aunque estoy muy bien de salud, tengo mis limitaciones, sé mis fallos. Ahora en la televisión se trabaja a destajo", dice.
Cuesta creer que Manuel Alexandre esté tan cerca de los 90. "Pues no me cuido especialmente, soy comilón, por algo soy hijo de vasco. Mi padre vivió 101 años y hasta los noventa se tomaba copa y puro. Y ya se sabe que todo está en los genes", concluye.