08/10/2007
El cineasta Tom Shankland, curtido en la televisión británica, debuta en el cine con "Waz", un ´thriller´ que se presenta en la sección oficial fantástica de Sitges y en el que pretende llevar a la imaginación de la audiencia "hasta qué punto de sacrificio se puede llegar por amor".
La pregunta la formula el cineasta británico en una cinta a la que ha trasladado la fascinación que sentía de pequeño, según ha explicado en rueda de prensa, por las escenas de martirio y sacrificio que vio en frescos de las iglesias italianas que sus padres, residentes en Italia, le obligaban a visitar.
Con el concepto emocional de amor y sacrificio y el guión de Clive Bradley, guionista de la serie británica "The Vice", Shankland ha confeccionado una película interesante que se ha apuntado también, aunque con sobriedad, a la tendencia de exhibición de torturas de los filmes que se están mostrando en Sitges.
Shankland toma como protagonista de la historia a un detective veterano, Eddie, recreado por
Stellan Skarsgard, ex actor fetiche de
Lars von Trier, y lo presenta como el típico policía de cine negro de la década de 1940 que fuma muchísimo, no para de decir tacos y tiene una ingente barriguita.
Más tarde desmonta el modelo de policía macho y, sin desvelar el secreto, desde el principio lo convierte en el principal exponente de lo que se puede hacer por amor. Era como conectar dos historias, ha dicho Shankland, la de una mujer asesina y la de una homosexualidad sórdida.
El reto de exhibir hasta dónde puede llegar la falta de altruismo humano se va desgranando a partir de la ecuación algebraica Waz, "w, delta, z", una ecuación que mide el comportamiento animal, y a través de una serie de crímenes que llevan la marca Waz y que han sido perpetrados por alguien que fue torturado y al que obligaron a matar a su madre.
Con "Waz" Shankland ha querido "llegar a la imaginación de la audiencia" con escenas de tortura en un filme que presenta como "
una historia de amor que tiene que superar pruebas límite". Esas pruebas de martillazos en las rodillas y corte de pene a trocitos se suceden en un ambiente sórdido extraído de las calles e interiores de Nueva York y Belfast, con primeros planos detallistas, no de violencia expresa sino de sangre en las paredes u otros detalles, fruto de la inquieta fotografía, cámara al hombro, de
Morten Soborg.
La que parece al principio una enrevesada historia de crímenes discurre muy bien en la pantalla y recrea el submundo neoyorquino de bandas, drogas, confidentes y policías que cobran algunos trabajillos con coca.
Al lado de Skarsgard la australiana
Melissa George, en el papel de la policía que acompaña al veterano y que sigue con él los crímenes de una ayudante de laboratorio a cuyos torturadores el policía no pudo llegar a encarcelar.