Esta imagen de personaje hosco y antipático queda reducida a añicos en la película ´La silla de Fernando´, un filme de hora y media de duración que dirigió
David Trueba y Luis Alegre y donde
el actor se confiesa a calzón quitado.
Lo más admirable de esta cinta es que se sujeta con sólo dos chinchetas: una silla y Fernando Fernán Gómez sentado ella. Lo más sorprendente: lo que se cuenta y, sobre todo, cómo lo cuenta. Uno de los momentos más tensos de un filme que invita a la sonrisa y al relax, surge cuando Fernán Gómez detalla sus orígenes. "Soy hijo de madre soltera. Mi padre trabajaba en el teatro y un día, acompañado de mi abuela, fui a verle; me pareció poca cosa: un hombre con barriga y medio calvo; aparecí más días por allí, pero una de las veces le advirtieron de mi presencia y mandó recado para ordenarme que no volviera; no quería habladurías".
Provocativo
La cinta engarza imágenes retrospectivas de sus películas y su historia personal con sabrosos comentarios sobre la amistad, la bebida, las mujeres, la noche, la fama, el lujo, la mala conciencia o el sentido de la vida.
"La patria consiste en que una serie de señores ricos mandan a otros más pobres a que luchen por sus intereses", dice en un momento de la grabación. Un Fernán Gómez sincero y provocativo tira a dar sin recato y sin mesura. "¿La amistad entre un hombre y una mujer? Sí, la entiendo, mientras no sea yo el amigo". Y a continuación: "A mí me gusta rodearme de mujeres atractivas y, dentro de ellas, prefiero la más atractiva del grupo; una mujer culta me puede servir para que me dé clases de filosofía medieval, pero para nada más".
En algunos instantes se oyen -como música de fondo- las
carcajadas de Trueba, Alegre y el resto del equipo de rodaje. Confiesa que tenía fervor por
Marlene Dietrich. "Las mujeres bondadosas no suelen tener gancho; las que lo tienen son las que te pueden destruir, como la Dietrich".
Una vez le contó su teoría a una mujer y ésta le respondió: "A ti nadie te puede destruir porque ya estás destruido". Y apostilla el actor: "Era mujer muy atractiva, además de inteligente".
Si su definición de patria es un tanto ´sui generis´, no lo es menos sus arraigos geográficos. "De España conozco treinta o cuarenta lugares, no más, y cuando me preguntan si amo a España me quedo confundido porque pienso: ¿amo a Lugo?
Resulta difícil amar un sitio que no conozco, o que solo he estado de paso". En la película augura que morirá con las botas puestas. Sólo echa de menos un cosa en esta vida: el lujo asiático. "Nunca tuve suficiente dinero para permitírmelo... ¿Que cómo concibo el lujo? Pues me gustaría estar rodeado de sirvientes y sirvientas para que atendieran todos mis caprichos y necesidades", dice al final de la película.