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El cortometrajista Grojo estuvo a punto de tirar la toalla al ver que no podía poner en pie su primera película, ´La luna en botella´, un cuento coral de soñadores solitarios que comparten anhelos y desencantos mientras esperan que mejore su suerte. "Levantar el proyecto me ha llevado cuatro años y medio, y como también me pasé cuatro años con una historia anterior que al final murió, pues casi lo dejo todo. Pensé que firmar una ópera prima era más fácil", confiesa el novel director y guionista, que ahora que ha llegado al final confiesa que la experiencia ha sido "agradable, más llevadero de lo que todos creíamos". Y es que, a pocos se les ocurre algo tan complicado y casi imposible de conseguir como es meter ´La luna en botella´. Pero Grojo lo ha intentado con Edu Soto, El Neng, Bárbara Goenaga, Dominique Pinon, Federico Luppi, Joan Dalmau y Paco Algora, que se han metido en la piel de personajes "con problemas que creen insalvables, los más gordos del mundo, como la pérdida de la pareja, el trabajo...Y desde fuera, no son tan importantes. Es una película melancólica, pero con un mensaje optimista y un punto de esperanza porque la idea es transmitir que, si luchas y apuestas por lo que quieres, lo consigues", comenta el director y guionista. Dice Grojo que muchos de sus protagonistas "consiguen lo que quieren. Son personajes que se ríen de si mismos, no pierden el humor. En el fondo, nuestros problemas en los ojos de otros no son tan terribles", advierte Grojo, que parte de su ópera prima la ha localizado en un café. "Tenía miedo a tener a tanta gente cantando, bailando y llorando en un único espacio, pero toda la trama no transcurre en el bar, que es el punto de encuentro de los personajes porque ellos tienen su vida, se les ve en sus ambientes, incluso de algunos hay flash backs", anuncia Grojo, que lanza un "inevitablemente" cuando se le pregunta si se reconoce en alguna de sus criaturas. El boom de los veintitantos Grojo, de 34 años, reconoce que ha contado con un reparto "atípico, pero muy potente. Dominique Pinon -uno de los rostros de ´Amelie´- estuvo en mi primer corto y siempre le tuve en la cabeza. Con El Neng rodé un anuncio y al ir un poco más allá del personaje, me encontré con un tipo camaleónico, receptivo", comenta Grojo, que en los años que dedicó al corto pensó que dirigir un filme era "más fácil". "Mi primer corto estuvo nominado a los Goya y el segundo fue seleccionado para Berlín. Los cortos me dieron la tranquilidad al saber que podía contar una historia, pero lo que no te dicen en las escuelas de cine es que, aunque no es imposible, sólo uno de cada mil lograr dirigir. El dato es un hecho, aunque no hay que quedarse ahí. Siempre hay bastantes óperas primas, aunque ahora las firma gente más mayor. Hubo un boom de los veintitantos, se arriesgó mucho con chicos que prometían, pero ya no, ahora se mirá mucho a quien dan el dinero y cuánto dan. En los último años los noveles somos personas que ya tenemos una filmografía, pequeña, pero la tenemos", relata.
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