18/06/2007
Catherine Frot es una mujer "emprendedora". Comenzó fundando su compañía de teatro y, cuando el cine la encasilló en la comedia, demostró sus dotes dramáticas. Ahora, después de 30 años, ha logrado el éxito rotundo con dos filmes opuestos: el thriller "La última nota" y la comedia "Odette".
A sus 41 años y con una larga trayectoria a sus espaldas, Catherine Frot admite que su receta para no caer en la rutina es "cambiar de registro". Y así lo hace, alternando, desde hace tiempo, la comedia con el drama. Es una fórmula terapéutica que aplica, según cuenta en París a un grupo de periodistas, para "sorprenderme a mí misma y, de esa forma lograr sorprender al espectador".
Así, mientras este fin de semana próximo estrena "La última nota", el 6 de julio regresa a las pantallas españolas con "Odette, una comedia sobre la felicidad", dos películas que le han permitido mostrar dos personajes opuestos: En la primera, encarna a una pianista, "una mujer misteriosa y en horas bajas -cuenta-, que no puede recuperar su talento perdido". Un thriller psicológico, firmado por el joven Denis Decourt, que contrasta con el personaje "luminoso, cándido y fresco; el de una mujer feliz, a pesar de llevar una vida difícil", explica Frot, quien, como Odette admira profundamente a un escritor infeliz, debido a que su popularidad se enfrenta a unas críticas que le tildan de "autor para peluqueras".
Estos dos seres tan dispares llegarán a encontrarse, gracias a una carta "sublime" que le envía Odette, como explica la actriz, quien se pone en este filme a las órdenes de Eric-Emmanuel Schimitt, un prestigioso guionista, autor de textos como "
Enigma" o "Monsieur Ibrahim y las flores del Corán", que debuta aquí en la dirección.
El antes y el después en la vida de Catherine Frot lo marcó la obra y la película "Un aire de familia", por la que logró el premio Molíere de teatro y el César. Escrita por la prestigiosa pareja de autores Ágnes Joui y Jean Pierre Braci, y llevada al cine en 1996, la obra permitió a Frot encarnar en ambas a Yoyo, "una mujer muy triste, pero que hacía reír". Y así fue cómo "a partir ese personaje, que conjugaba ambos extremos, pude conciliar la noción de lo patético y la farsa", explica. "Desde aquel momento comenzaron a llegarme ofertas", recuerda la actriz, quien comenzó su carrera trabajando 15 años en el teatro: "Entonces -dice- soñaba con el cine, pero hoy, cine y teatro se mezclan y volver a los orígenes es una necesidad".
A los 22 años fundó su propia compañía de teatro, a la que pronto se uniría
Jean-Pierre Darrousin: "Fueron diez años en los que dejé de lado todo objetivo personal para hacerlo todo juntos: vestuario, decorados, escritura... Poseíamos una gran carga imaginativa y tuvimos bastante éxito. Pero un día, tuve ganas de encontrar mi camino sola", explica. En ese momento dio el salto al cine, y explotó su faceta cómica en filmes como "
La cena de los idiotas".
El problema, como apunta Frot, es que "las buenas comedias son limitadas; fácilmente resultan vulgares, farsas rudimentarias. Y al comediante se le menosprecia si se centra sólo en ese género", apunta la actriz, quien gracias a "unos cuantos directores que vinieron a buscarme", pudo dar el salto al drama: "Bastó con uno o dos filmes -añade- para que ahora me elijan indistintamente para uno u otro registro". Considera que el actor es "una herramienta" y es consciente de que, como intérprete, "hay que tener una gran fuerza para atraer al público por uno mismo".
Por eso, Catherine Frot afirma no haber sentido nunca miedo al compartir cartel con una gran estrella. "No tiene que ser difícil si quieres progresar, es necesario hacerlo sencillo; por eso no me lo cuestiono mucho. No olvido a quien tengo enfrente, pero soy fuerte", afirma esta actriz que dice ponerse en el lugar del espectador al leer un guión. "Sí, tengo en cuenta al público. No leo un guión sólo como actriz, sino también como espectadora. Pienso en el ritmo, las sensaciones, y me pongo en el lugar de quien lo va a ver", añade Frot, quien afirma que, ante todos sus personajes, sean cómicos o con una fuerte carga dramática, sabe "poner la distancia obligatoria".
Mercedes Cerviño