06/09/2008
"Miracle at. St. Anna", la respuesta de Spike Lee al patriotismo de Clint Eastwood en sus obras sobre la II Guerra Mundial, reivindica el papel de la población negra en ese conflicto bélico y llena la pantalla de lírica con claros ecos del neorrealismo italiano.
En junio, Lee criticó a Eastwood porque no sacó "un solo actor negro" en "
Banderas de nuestros padres" y "
Cartas desde Iwo Jima", su díptico de 2006 sobre la conquista de esa isla japonesa en 1945, y ahora presenta su visión sobre la Guerra, aunque presentando unos hechos ficticios.
El filme, una cinta épica que narra la historia de cuatro soldados negros, miembros de una División del ejército estadounidense formada al completo por individuos de esa raza, que quedan atrapados en septiembre de 1944 en plena Toscana (Italia), después de que uno de ellos arriesgara su vida para salvar a un niño italiano. Basada en la novela homónima de James McBride, que también se encargó del guión, la cinta, cuya violencia recuerda por momentos a la primera media hora de "
Salvar al soldado Ryan" (1998), se exhibe hoy en el Festival Internacional de Cine de Toronto y llegará a EEUU el 26 de septiembre.
Arranca con lo que parece ser el asesinato de un inocente en una oficina de correos de Nueva York, pero el resto de la historia, en la que cada uno de los personajes habla en su lengua nativa, se encarga de explicar los motivos que desembocan en ese suceso y desentrañar quiénes son los implicados. "Encierra un misterio brutal que tiene que ver con los eventos históricos y la descarnada realidad de la Guerra", sostiene Lee, dos veces candidato al Óscar, pero añadió que "también es una historia mística de amor y compasión".
El realizador continúa de esta forma su tendencia a plasmar las injusticias raciales en la gran pantalla, como ya hizo en "Haz lo que debas" (1989), "Malcom X" (1992), "
La marcha del millón de hombres" (1996) o "
Bamboozled" (2000). En un reparto repleto de nombres prácticamente desconocidos para el gran público, destacan los cuatro protagonistas, encarnados por
Derek Luke,
Michael Ealy, Laz Alonso y
Omar Benson Miller, un "gigante de chocolate" para
Angelo, el niño al que rescata.
Precisamente la relación que se establece entre Sam (el personaje de Miller) y Angelo (encarnado por Matteo Sciabordi, todo un prodigio) es uno de los puntos más destacados del filme, al igual que el resto de las escenas costumbristas que se desarrollan en el hogar del fascista Ludovico (
Omero Antonutti), que recuerdan a clásicos como "El ladrón de bicicletas" (1948) o "Roma, ciudad abierta" (1945). "El papel crucial de la película es el del niño", admite el director. "Pusimos un anuncio y se presentaron 5.000 personas; supe que el niño sería Matteo en cuanto le vi. Fuimos bendecidos. Fue un milagro", afirmó Lee.
Para Lee, uno de los aspectos más relevantes del guión fue mostrar la reacción de la población de una remota villa italiana al ver a una persona negra por primera vez en sus vidas y reflejar cómo superan las barreras culturales. "Trata sobre la amistad y conocerse los unos a los otros por encima de miedos y prejuicios", afirma el productor italiano
Luigi Musini, encantado con el elenco de actores de su país, como es el caso de
Pierfrancesco Favino, que da vida a un líder partisano, o de
Valentina Cervi, nieta del célebre
Gino Cervi.
Incluso el paisaje natural de los Apeninos cobra un significado especial dentro del filme, gracias a la fábula que recae sobre la "montaña del hombre durmiente". "La localización es muy representativa de cómo fue la Guerra en Italia, de cómo fue nuestra resistencia", agrega Musini. El reparto de la cinta, que promete estar entre las candidatas al Óscar en varias categorías, lo completan
John Turturro, el colombiano
John Leguizamo y el joven
Joseph Gordon-Levitt, en pequeños papeles.
Antonio Martín Guirado, Los Ángeles