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Imagen de "Soy un cyborg"
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Tras alcanzar el éxtasis visual para la violencia en "Old Boy" y su trilogía de la venganza, el cineasta coreano Park Chan-wook reinventa con "I´m a Cyborg, But It´s Ok" la comedia romántica al trazar un originalísimo, divertido y filosófico circuito por las convenciones sociales.
Con un recorrido "festivalero" que se ha traducido en premios en Berlín y en Sitges, Park Chan-wook, el hombre que llenó de belleza y compasión la revancha en "Sympathy for Mr. Vengeance" (2002), da una pirueta estilística con esta nueva película, "I´m Cyborg But It´s Ok", que se estrena este fin de semana en España. Aprovechando el escenario de un centro de salud mental, el realizador coreano, con su habitual planificación y su alucinante capacidad para componer imágenes sorprendentes, invierte los códigos de conducta, consigue que la libertad germine en habitaciones acolchadas y construye un catálogo ético que rellena con brillantez el espacio que existe entre el humor absurdo y la reflexión. Así, "I´m a Cyborg But It´s Ok" es la historia de una joven que, después de trabajar durante años en una fábrica de producción en cadena, adquiere la identidad de una máquina y busca desesperadamente, comunicándose con luces fluorescentes y máquinas expendedoras, descubrir cuál es la función para la que fue programada. Y Park Chan-wook, sobre los mimbres del delirio, plantea si, en nuestro camino hacia la deshumanización, los rasgos que nos convierten en seres sensibles -educación, culpabilidad y compasión- se vuelven lastres en la búsqueda de la virtud y la infalibilidad de estos "humanoides". Pero, al margen de este arriesgado fondo, lo que convierte a "I´m a Cyborg, But It´s Ok" en una pieza única son las formas, las que, con una vocación casi dadaísta, hilan el sentimiento de abandono con un cepillo de dientes o adhieren la nostalgia a una prótesis dental. Con este lenguaje de opuestos, Chan-wook alumbra un nuevo lenguaje poético basado en pareados irreconciliables que producen chispas de una emoción auténtica, un romanticismo despojado de todo sentimentalismo y una irreverencia sin resentimiento. En consecuencia, "I´m a Cyborg But It´s Ok" tiene el mérito de, en un arte centenario, devolver la fe en lo nunca visto, en la existencia de numerosas posibilidades futuribles o en un perfeccionamiento de esta fórmula, ya que Chan-wook no redondea como debiera la película. Pero es comprensible y humano que, en esos diez minutos finales que tienen que atar las mil y una propuestas que deslumbran durante toda la película, los nudos no hayan sido infalibles. Rematar la faena a la perfección habría convertido al director en una máquina. Mateo Sancho Cardiel, Redacción Internacional
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