11/09/2007
El cineasta Jean Becker reúne a estas dos estrellas galas en ´Conversaciones con mi jardinero´, que se estrena este viernes. Daniel Auteuil y Jean-Pierre Darroussin han medido por primera vez su talento y el ´culpable´ de este encuentro entre las dos estrellas galas es Jean Becker, el director de ´Conversaciones con mi jardinero´.
Esta entrañable y bonita historia sobre la amistad que este viernes llega a nuestras carteleras es un duelo interpretativo entre estos dos grandes intérpretes franceses que, seducidos por la adaptación de la novela autobiográfica del pintor Henri Cueco, se pusieron en manos de Becker.
El tándem Auteuil-Darroussin es todo un reclamo para ver este reencuentro de dos amigos de la infancia que resiste el paso del tiempo. Un pintor -Auteuil- regresa a su pueblo natal para vivir en la casa de su infancia que tiene un jardín muy descuidado. Para arreglarlo, contrata como jardinero a un antiguo compañero de colegio -Darroussin-, con el que habla de arte, las mujeres, la vida... "La amistad es un valor de la solidaridad, mientras que el amor es más efímero. La amistad es un sentimiento menos espectacular, por eso se presta menos a lo cinematográfico", apunta Jean-Pierre Daroussin, que ejerció, junto con Becker, de embajador de esta producción en la que elaboró su personaje pensando en su padre. De hecho, cuando el que es el intérprete fetiche de
Robert Guediguian leyó el guión pensó que el jardinero era como su progenitor. Por su forma de hablar, un poco a la antigua, porque sabía hacer de todo, lo mismo te arreglaba el coche y limpiaba el jardín. De hecho, la película es un homenaje a los hombres de su generación, a los que en Francia llamamos ´campesinos-obreros´, para los que las cosas tenían gran importancia, nunca tiraban nada, y aunque trabajaban en fábricas, les gustaba trabajar con la tierra, hacer cosas con las manos", explica.
Orgulloso de lo conmovido que se sintió el autor de la novela cuando vio la interpretación que había hecho del jardinero, "que existió y que fue amigo suyo", añade, Darroussin confesó que no había leído la novela de Cueco. "Lo importante es que el texto nos transportaba, no había que agarrarse a nada complicado, simplemente dejarte llevar por el guión", aseguró el sobrio actor, quien, independientemente del estilo de película que haga, tiene como norma observar lo que le rodea. "Es fundamental impregnarse de los pequeños detalles, los gestos, la forma de hablar. Para poder plasmar la realidad hay que mirarla", dijo.
Darroussin, que no comentó que en sus orígenes el papel iba a ser para
Jacques Villeret -buen amigo de Becket que falleció cuando la primera versión estaba terminada- calificó de "bello encuentro" su ´cara a cara´ con Auteuil. "No sólo no había trabajado con él, sino que ni siquiera le conocía. Ha sido una experiencia muy buena porque los dos tenemos la misma formación, venimos del teatro de repertorio", concluyó.
Sin dirección
Jean Becket no se inspiró en su padre cuando dibujó al pintor, rol que en la novela tenía menos presencia que en el filme, pero éste estuvo muy presente durante el rodaje de ´Conversaciones...´ Y este, en ocasiones, lo de dirigir va en los genes porque Jean Becker es hijo del cineasta
Jacques Becker -´Ali Baba y los cuarenta ladrones´ y ´París, bajos fondos´-. "Cada vez que me pongo a filmar me preguntó cómo lo enfocaría él. Mi padre fue un gran observador, miraba mucho antes de rodar para que sus personajes se correspondieran con la realidad. Para mi padre, el cine era una realidad poética", recordó.
Más atrapado por el jardinero que por el pintor "porque el primero sabe muy bien lo que quiere, es coherente, tiene personalidad, me gusta su peculiar y anticuada forma de hablar y su simple filosofía de vida. Mientras que el pintor evoluciona por al encuentro que tiene con su amigo de la infancia", Becker tenía muy claro que quería que los dos protagonistas estuvieran a la misma altura. Y lo consiguió "gracias a la inteligencia de Daniel y la personalidad de Jean-Pierre", dijo. Lo cierto es que Becker consigue un equilibrio en la interpretación y, según explicó, la receta es tan sencilla como que el guión sea bueno. "Si los actores, que a menudo son más inteligentes que los directores, lo leen y les gusta, saben cómo interpretarlo. Por eso, a los grandes intérpretes no se les dirige, hay que dejarlos sueltos, y sólo coger el control cuando patinan", sentenció el modesto cineasta, que, en cuanto tuvo el libreto listo, se lo mandó a Henri Cueco. El escritor aparece en los créditos como autor de los diálogos porque muchos de ellos están en la película como aparecen en el libro.
Ch. L. Monjas