30/08/2007
El amor sobrevive al ambiente hortera de un casino en "Chanson D´Amour", una cinta en la que Gérard Depardieu demuestra sus dotes como cantante para enamorar a Cécile de France y con la que el director Xavier Giannoli se presenta en España para "acercarse con elegancia y humor a las verdades humanas".
Con el axioma de que "cualquier relación humana es inacabada e insuperable", resume el realizador francés Xavier Giannoli en una entrevista con Efe el espíritu de esta película, su primer estreno en salas comerciales españolas, en la que presenta un romance improbable pero aun así sutilmente apasionado entre dos estrellas del cine francés de dos distantes generaciones: Gérard Depardieu y Cécile de France.
El actor de "
Matrimonio de conveniencia" encarna a Alain Moreau, un cantante de salas de baile que, entre canciones como "L´Anamour", de
Serge Gainsbourg, o una versión francesa de "Soy un truhán soy un señor", de
Julio Iglesias, conoce a Marion, una sofisticada joven a la que intentará seducir "con libertad e insolencia", aunque esta muestra reticencias ante las formas de su pretendiente. "El cine sirve para contar esas cosas fáciles de entender pero difíciles de explicar", prosigue Giannoli, y en su película esconde la pureza de los sentimientos bajo una hortera camisa satinada, hace crecer la belleza a ritmo de sintetizador y lanza desde versiones trasnochadas de clásicos de la canción francesa mensajes de amor verdadero. "Una historia de amor es forzosamente política, puesto que crea un sentimiento visceral que obliga a romper con lo establecido, de interrogar los fundamentos de la sociedad", explica el cineasta y, en el caso del film se traduce en cómo "ese no estar a la moda del personaje de Depardieu, lo que canta, cómo se plantea el amor, consigue turbar a una joven moderna, que siente que ha conocido a un extraterrestre".
Ahí reside, según el cineasta, "la energía que mueve la película", y, frente a los mensajes de romanticismo explícito de temas como "Les paradis perdus", de
Christophe -que tiene una aparición especial en la película- o "Save the last dance", de Mort Suman, Giannoli apuesta por minimizar los diálogos y dar protagonismo a la expresividad gestual de sus intérpretes. "Se dice que los directores deben tener algo que contar, pero en el caso de aquellos que filmamos el movimiento de los sentimientos, sería más acertado decir que tenemos algo que callar", explica.
Por ello, prefirió para esta película -por la que optó al César al mejor director y al mejor guión y compitió en el Festival de Cannes de 2006- hacerse eco de "una voz imperfecta", la del Depardieu cantante, que hace "de sus defectos como cantante sus grandes cualidades como persona".
Mateo Sancho Cardiel, Madrid