30/10/2005
El Festival Internacional de Cine Latino de Los Angeles concluye hoy su novena cita anual, consciente de su responsabilidad para servir a una comunidad cada vez más numerosa en Estados Unidos. Como recordó la directora del festival, Marlene Dermer, esta muestra cinematográfica que durante diez días desembarca en Los Angeles quiere "celebrar el espíritu y la presencia del cine latinoamericano en este país". La mejor muestra son las 120 películas, entre documentales, obras de ficción y cortometrajes, que han pasado por las pantallas del Teatro Egipcio, sede del festival.
Un fuerte contraste con la programación de 42 producciones en 1997, cuando debutó el festival con 5.000 espectadores. El número de asistentes de la última edición superó los 15.000. Pero dentro de esta imagen de bonanza, Dermer es la primera en reconocer que cada años las cosas se hacen más difíciles.
"Es cierto que existe un mayor interés por los hispanos en el cine, pero todavía no nos entienden", corroboró a EFE el actor y cantante Carlos Ponce. El puertorriqueño desfiló por la alfombra roja del festival para presentar la cinta "Meet Me in Miami", comedia romántica que narra las aventuras de dos hispanos en Nueva Zelanda en busca del verdadero amor. Ponce está convencido de que los grandes estudios "se equivocan un poquito" a la hora de analizar la audiencia hispana. "No nos entendemos ni nosotros. Somos la minoría mayoritaria y la más dividida. No nos apoyamos mucho como comunidad y por eso fallan los números", se lamenta, aunque se mantiene esperanzado de que la industria pueda cambiar.
En su opinión, tampoco ayuda que en muchas ocasiones se hagan trabajos de poca calidad, proyectos "caricaturescos" en busca del público hispano. "Claro, que tampoco es tan fácil, porque con la falta de trabajo que hay, acabamos tomando lo que sea", añade resignado. Esta razón motivó a su compañero de reparto, el mexicano Eduardo Verastegui, a montar su propia productora, Metanoya, nombre que significa cambio interno, "el giro hacia la luz". Según recuerda Verastegui, su llegada a Hollywood fue "la de un borrego movido por razones superficiales como la fama, las mujeres y el dinero" tras dejar en México una carrera como cantante y actor de telenovelas. Su meta era ser un nuevo
Antonio Banderas, un actor español al que admira y cuyo rostro le ha recibido en Los Angeles empapelando los alrededores del Teatro Egipcio ante el estreno este fin de semana de "
La leyenda del Zorro". "Pero me he dado cuenta que desde la década de los 30 esta industria nos ha estereotipado, entre drogadictos, prostitutas, ladrones o ´latin-lover´, que no es más que un mujeriego", reniega. Por eso ha cambiado su relación con la industria y desde su productora quiere expresar la responsabilidad que en su opinión tiene que asumir el cine latino para mejorar la imagen de la comunidad.
En este sentido, Verastegui ve el Festival Internacional de Cine Latino de Los Angeles como "la mejor ventana" con la que cuentan los hispanos en el celuloide para expresarse de verdad y ser conocidos por el resto de la industria. "Pero la meta no es quedarse predicando a nosotros mismos. Nosotros ya nos conocemos. Hay que salir al resto del mundo para que nos conozcan", resume. Dermer no puede estar más de acuerdo con esta filosofía, deseosa de mostrar el mejor cine hecho por latinos o sobre la comunidad hispana en su festival. "No somos un género, una sección. Somos parte del cine mundial", indicó la directora. Por eso nada más adecuado para concluir esta novena edición que una cinta brasileña, "O casamento de Romeu y Julieta", una comedia romántica de
Bruno Barreto que traslada la historia universal de
William Shakespeare al mundo de los hinchas hispanos del fútbol.