17/07/2008
Un decorado real que de tan perfecto roza la irrealidad -Brujas-, un reparto solvente, unos diálogos brillantes y divertidos y un guión original son el resumen de "Escondidos en Brujas", el debut del británico Martin McDonagh al que, sin embargo, le falta ritmo.
Dos asesinos a sueldo -
Brendan Gleeson y
Colin Farrell- llegan a la ciudad de Brujas -la ciudad medieval mejor conservada de Bélgica, como no dejan de insistir cómicamente en la película- para pasar un par de semanas de descanso a la espera de que les encarguen un nuevo trabajo. Una comedia que en algunas partes se acerca a la astracanada por la diferente forma de ambos de enfrentarse a esas vacaciones forzosas y por sus relaciones con los siempre surrealistas belgas. Y un drama, no muy dramático, por la profesión de los protagonistas y los recuerdos del último trabajo de Farrell, que acabó con más muertos de los necesarios.
Brujas, un perfecto decorado al que el cineasta sólo ha tenido que iluminar, se convierte en un personaje más de la historia, un punto a favor de la película, que se sale de las típicas localizaciones. Los belgas, con su comportamiento como mínimo extraño, también tienen su parte de protagonismo.
Un taquillero que no admite que falten diez céntimos para comprar una entrada; una embarazada que se pone en medio de un inminente tiroteo entre dos asesinos o una joven que seduce a turistas para robarles son algunos de ellos.
En la historia se cruza además un enano -fantástico Jordan Prentice- que protagoniza una película dentro de la película y que da pie a la parte más surrealista del filme. Una película que cuenta con un sólido reparto, con pocos pero bien diseñados personajes, en la que Colin Farrell y Brendan Gleeson hacen una estupenda pareja de atípicos asesinos, y que cuenta con un no menos estupendo
Ralph Fiennes como el jefe.
El único problema, la falta de ritmo. El director se extasía en ocasiones con el decorado que ofrece Brujas y en otras con los personajes, lo que evita que la película discurra con fluidez. No obstante, este primer largometraje Martin McDonagh tras su premiado corto "Six shooters", con el que ganó el Óscar en 2006, demuestra la originalidad de planteamientos del director dentro de un estilo cinematográfico clásico que se aleja de los terribles experimentos típicos de las óperas primas.
Alicia García de Francisco, Redacción Internacional