Siempre apasionado y de fuertes convicciones,
Ethan Hawke es menos fiero que en el pasado, cuando sus ideales marcaban el rumbo de su carrera como actor. A sus 37 años considera que un día sin aprender algo nuevo es una pérdida de tiempo y por eso no para de trabajar, ya sea como director, guionista, intérprete o escribiendo una novela.
A punto de contraer por matrimonio por segunda vez tras su divorcio de
Uma Thurman, el actor estrena este viernes en España ´Antes que el diablo sepa que has muerto´, una película de
Sidney Lumet donde se convierte en hermano de Philip Seymor Hofmman, con quien planea robar la tienda de joyas de sus padres.
PREGUNTA: Su nuevo trabajo, ´Antes que el diablo sepa que has muerto´, ha recibido muy buenas críticas.
RESPUESTA: Sí, al público y a la crítica le ha gustado mucho, pero ni Philip ni yo esperábamos este éxito. Ha pasado tiempo desde que Sidney Lumet dirigió una película realmente buena y es excitante verle regresar a lo grande con una historia que merece la pena. El cine es algo peculiar, puedes pasarte seis meses trabajando en un filme que consideras una genialidad y termina siendo malo. No hay una fórmula mágica, puede haber talento, una historia interesante, un director notable y aun así terminar siendo un filme mediocre. Nadie puede adivinar porque ocurre esto tantas veces, pero de vez en cuando, como por arte de magia, terminas haciendo una buena película como es esta.
P: ¿Cómo es Sidney Lumet a la hora de dirigir?
R: Sabe exactamente lo que quiere. El presupuesto era pequeño y teníamos que rodar sin descanso. Creo que terminamos en diez semanas y lo hicimos por completo en Nueva York. Me sorprendió la rapidez con que trabaja. Tenía dudas, pero cuando vi el filme en Toronto y comprobé cómo disfrutaba el público me sentí muy orgulloso del trabajo de Sidney.
P: Supongo que trabajar con un equipo de actores como Philip Seymor Hoffman y Marisa Tomei ayuda a la hora de decidir rodar una película. R: Sin duda trabajar con actores de gran talento es importante, pero yo me defino primero por el guión y luego por el director. ´Antes que el diablo sepa que has muerto´ era una historia sensacional para Lumet en la que tenía ganas de participar. Cuando leí el guión me encantó, pensé que era genial. No hay nada como un buen melodrama con sorpresas continuas.
P: En su adolescencia usted fue considerado un rebelde y durante mucho tiempo fue la imagen de su generación.
R: Cuando era joven consideraba bastante irritante que me asociaran con otros actores de esa época, pero después de un concierto precisamente en España, en Barcelona, me di cuenta que formar parte de la generación ´X´ era algo alucinante, algo por lo que debía sentirme orgulloso.
P: Usted es escritor, actor, guionista ¿para usted las letras son una forma de vida?
R: Supongo que incluso podría convertirme en presidente de Estados Unidos (risas), pero ese no es mi camino. La vida ideal es un cliché, una falacia, una mentira. Nadie sabe cual es su destino y yo quiero hacer cualquier cosa que me haga feliz, quiero enamorarme, disfrutar de mis hijos. Estoy tratando de enfocar en ese aspecto mi vida y si lo consigo lo veré como un verdadero regalo del destino.
P: ¿La hierba es siempre más verde en otro lugar?
R: Es cierto, soy algo pesimista. De alguna manera tengo un sentimiento de insatisfacción perpetua. No importa en la situación en la que te encuentres, creo que no hay nada perfecto. Admiro mucho una frase de
John Lennon sobre la perfección: "no puedes aspirar a ella porque cuanto más tratas de tocarla más te alejas".
Batalla contra el ego
P: ¿Cómo siente la fama, el hecho de ser una estrella?
R: Siempre he peleado con esa idea. Hay trabajos para los que creo que soy adecuado y si fuera una estrella lo suficientemente grande los conseguiría. Todo el mundo quiere tener éxito, es divertido recibir toneladas de atención, pero hay que pagar un precio por lo que recibes. A veces desearía ser más anónimo, es una lucha interna. Cuando veo las revistas del corazón no siento envidia de
Brad Pitt, la más mínima. ¿Por qué querría ser él? Un minuto te celebran salvajemente y al siguiente te tiran piedras. Me rompe el corazón ver que en la cultura de hoy disfrutamos riéndonos de una pobre mujer como
Britney Spears, que ha perdido la custodia de sus hijos, pero luego utilizamos su fama para comprar discos, volvemos a la gente loca. Mira a
Michael Jackson, un ejemplo de cómo la fama puede llegar a corromper tu alma. Seas una estrella o no, todos batallamos con nuestros egos. El de una estrella de cine se alimenta diariamente y se convierte en una bestia muy poderosa que termina comiéndose la vida de cualquiera. Yo he sido terriblemente ambivalente en ese aspecto toda mi vida, me fascina mi trabajo y compartirlo con gente de mucho talento.
P: ¿Ha perdido el idealismo del pasado?
R: En mi juventud era un idealista del arte y la política, tal vez demasiado. Todavía lo soy, pero el mundo en el que vivo es mucho más gris de lo que pensaba y es más difícil encontrar tu camino de lo que yo creía. A mis 37 años comparto la custodia de mis hijos y tengo que trabajar duro. Con ellos realizo lo que yo llamo amor en acción; comparto, amo, doy, perdono, olvido, todas esas cosas que no solemos incorporar constantemente a nuestra vida. Si hubiera vivido esto a los 17 años no hubiera sido capaz de entenderlo. Es divertido acordarme de como era yo hace diez años, cuando pensaba que lo sabía todo y sin embargo, unos años después, te das cuenta que no sabes nada y que no entiendes nada.
Angélica Martínez