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Alejandro González Iñarritu
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Desde que ganó en el último Cannes el Premio al Mejor Director con "Babel", el mexicano Alejandro González Iñárritu no ha parado de viajar para hablar del filme y repetir que el suyo no es un cine intelectual, sino que todo lo que rueda nace de su experiencia vital, de aquello que le "quema el estómago".
En el Festival de San Sebastián, "Babel" abrió Zabaltegi, la sección más importante tras la Oficial; y allí estuvo Iñárritu. Ahora, ante su estreno, el próximo 29 de diciembre, regresó a España, a Madrid, para volver a hablar con un grupo de periodistas de cómo "Babel" surgió "de la necesidad moral de purgar todo aquello que me hiere". Anadió que, tras un año de rodaje del que considera su proyecto "más arriesgado" y "complejo", el aprendizaje ha sido tal que ahora cree que sí puede decir que es un director. González Iñárritu, nacido en México D.F. hace 43 años, pasó por la radio, la televisión, la publicidad y mil empleos antes de que, en 2000, su primer largo, " Amores perros", deslumbrara al mundo. Algo que volvió a suceder en 2003 con " 21 Gramos", rodada en Estados Unidos y con reparto estelar. Ahora "Babel" cierra esta trilogía sobre la incomunicación, el dolor y el azar, trilogía fruto de su colaboración con el escritor Guillermo Arriaga. "Nunca nos lo planteamos como una trilogía, pero es cierto que hay una sombra que, por más que te quieras escapar, te empuja. Las tres hablan de temas un poco obsesivos, porque mi cine está hecho de pedazos de vida. No es autobiográfico, pero sí nace de experiencias vitales", explica Iñárritu. El director señala que, "a diferencia del teatro, el cine es una experiencia emocional fragmentada, donde el espectador, ante esa yuxtaposición de imágenes, que, en un principio, no tienen sentido, llena los espacios. Y eso crea una enorme tensión dramática", apunta este cineasta, mago de la narración trenzada entre pequeñas historias que, finalmente, concurren, pero que siempre relata huyendo de la narración lineal. Esta fórmula fue idónea para "Amores perros", con "21 Gramos", quiso hacer, dice, "un juego, un experimento", pero "Babel" es "la más lineal y cronológica", apunta Iñárritu sobre esta película que se sitúa en tres escenarios: Marruecos, Japón y la frontera entre Estados Unidos y México, y que cuenta, "cómo pequeñas e inocentes decisiones personales llegan a crear un tsunami a miles de kilómetros". El cineasta ha querido hablar de las fronteras: "Pero no sólo de las físicas, sino también de las mentales. Es un filme sobre los prejuicios, sobre cómo las ideologías, los nacionalismos o los fanatismos religiosos se convierten en muros que propician la incomunicación". "Una incomunicación que se da a todos los niveles, hasta entre padres e hijos, o entre el esposo y la esposa. Pero, en ´Babel´ quise dejar un poso más esperanzador que en las anteriores. Hay poco diálogo, pero siempre hay un abrazo o un apretón de manos", comenta Iñárritu, quien se instaló en Los Ángeles cuatro días antes de los atentados del 11S. "Fue una experiencia terrible. Todos colgaban banderas americanas y a mí me veían con cara de turco", cuenta. Y añade: "Yo llegué para levantar ´21 Gramos´, que era un proyecto muy dramático y de alto riesgo", y que surgió, confiesa, tras haber perdido un hijo: "La película fue -dice- una necesidad, un proceso de entenderlo, de echarle coraje y penetrar en el dolor y, por supuesto, está dedicada a mi esposa". "Pero -continúa- fue antes de rodar ´21 Gramos´, cuando me asaltó la idea de ´Babel´. Y me pareció totalmente congruente con las anteriores. Pues la primera exploraba un territorio local; la segunda coral; y ésta global". "´Babel´, habla de "la humillación que suponen las fronteras, de la paranoia en que en que ha sumergido al mundo el régimen de Bush al entender que el otro, o está contigo, o contra ti. De la locura de que frente a los 3.000 muertos en las Torres Gemelas, hayan aniquilado más de 600.000 vidas". Iñárritu confiesa que el secreto de su colaboración con Arriaga es que son "dos miradas y dos mundos diferentes, cuyo intercambio resulta fructífero. Guillermo tiene una gran imaginación, capacidad de soñar y abstraer. Mi labor, luego, es transformar esa vorágine en algo real; pero siempre sobre las sólidas bases que él creó", comenta el realizador, quien, tras nueve años junto al escritor, afirma: "Hemos terminado un ciclo y Guillermo debe seguir adelante". Iñárritu es consciente de que "Babel" es su película con mayor carga social y política. "No se puede estar ajeno a lo que está sucediendo en el mundo. Pero mi labor no es política, sino la del crítico. Ésa es mi responsabilidad cinematográfica". Por eso, ha huido del prototipo de buenos y malos: "El espectador necesita ver un villano para descargar en él su ira, pero como me dijo Carlos Fuentes: ´La tragedia nace del choque de dos virtudes, lo otro es puro melodrama´".
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