12/09/2007
El cineasta José Luis Guerín confirma con su última película, "En la ciudad de Sylvia", que se estrenará en España el próximo día 14, su "desconfianza" hacia la noción de argumento. Incomprendido o detestado por la crítica y el espectador habitual del cine comercial, Guerín se mueve en la frontera del cine de autor, un cine eminentemente estético, y con el arte, el teatro, el cine clásico o la música como referentes.
Con "En la ciudad de Sylvia", Guerín construye un poema urbano, versificado en las calles de Estrasburgo, con una rima recurrente, las mujeres de la capital alsaciana, y entre ellas el personaje que interpreta
Pilar López de Ayala. En la presentación del filme en Barcelona, tras la reciente participación en el concurso de la Muestra de Venecia, Guerín ha dicho hoy que la cinta, como todos sus proyectos, "surgió de la yuxtaposición de un rostro y de un paisaje".
El rostro no era otro que el de Pilar López de Ayala. "Deseaba filmar a Pilar", comenta el director, quien ha recordado que desde pequeño, cuando comenzó a filmar a los 13 años, ya sentía atracción como observador de actrices como
Claudia Cardinale o
Lilian Gish, a las que conocía incluso antes de saber qué directores había detrás de las cámaras que las filmaban. En esta ocasión, el germen del filme fue "un deseo muy lúdico por filmar a Pilar y unas enormes ganas de reivindicar en el cine algo tan natural como la sencillez", declara un Guerín contrariado por la profusión de "tantas tramas y subtramas en las películas actuales y esa obligación a dar tantas explicaciones".
Según el director de "
Innisfree", su intención primera era "hacer una película sumamente sencilla, que más que en el argumento, se edificara sobre el matiz, el detalle, casi minimizando la trama". Sin apenas diálogo, el filme es un juego de miradas, de observación, incluso de voyeurismo bienintencionado por parte del protagonista, interpretado por Xavier Lafitte, que explora la ciudad en busca de un fantasmagórico objeto del deseo, la Sylvia a que alude el título. En ausencia de la palabra, el realizador de "
En construcción" se apoya en los sonidos urbanos: el chirriar de los tranvías, el repicar de las campanas, una maleta de ruedas que resuena en el asfalto, el tintineo de unas copas sobre la bandeja de una camarera o los timbres de las bicicletas.
Guerín confirma: "Tati reivindicaba la capacidad de pasear por la calle silbando y realizaba sus películas en base al ´flanneur´, el que callejea y observa, porque es difícil imaginar cualquier tipo de creación si no se nutre de la observación". La actriz Pilar López de Ayala ha asegurado que trabajar a las órdenes de Guerín ha sido "un reto diferente, que agradezco porque ha implicado un trabajo más gestual, un trabajo en el que jugar con la mirada y en el que contar más cosas mirando que diciendo". Guerín no ha ahorrado elogios hacia la actriz: "Un silencio de Pilar es puro cine" y añade que "con ella sólo tenía que provocar una situación y, como en la técnica documental, esperar a ver qué pasa".
En cuanto al "paisaje" de la película, las laberínticas calles de Estrasburgo, el cineasta comenta que "quería reflejar una ciudad indeterminada y para ello Estrasburgo era perfecto, que ni es Francia para los franceses ni Alemania para los alemanes; es medieval y, sobre todo, peatonal". Estrasburgo brindaba asimismo a Guerín "una coreografía perfecta de tranvías, bicicletas y peatones" y le permitía "poder hacer lo mismo que los Lumière cuando iban a filmar a las grandes ciudades: buscar el enclave mejor en el que el movimiento de la calle luciera mejor".
Jose Oliva. Barcelona