01/07/2007
El productor cinematográfico Norbert Auerbach, ex presidente de United Artists y descubridor de estrellas como Silvester Stallone, Brigitte Bardot o Sofía Loren, es el checo que más prosperó en la fábrica de sueños de Hollywood y ahora, a sus 84 años, habla de ella sin tapujos.
El productor cinematográfico Norbert Auerbach, ex presidente de United Artists y descubridor de estrellas como Silvester Stallone,
Brigitte Bardot o Sofía Loren, es el checo que más prosperó en la fábrica de sueños de Hollywood y ahora, a sus 84 años, habla de ella sin tapujos.
"Crecí en un ambiente de cineastas y a nuestra casa de Barrandov (Praga) venían muchos actores, como Vlasta Burian, Werich y Voskovec, Adina Mandl, Lida Baar y
Marlene Dietrich", recuerda Auerbach en el dominical de "Lidove Noviny". "
Pero los actores y actrices, estoy convencido, tienen mal carácter y no son gente en la que uno pueda confiar", agrega.
Ni siquiera se libra del reproche su viejo amigo Klaus María Brandauer, y es que una vez, tras arduas gestiones para que viniera a Karlovy Vary, hizo esperar a una importante comitiva en el festival porque "llegó con varias horas de retraso; pero lo hizo y estuvo encantador".
Hijo del fundador de las productoras checoslovacas Elektafilm y Slaviafilm, el célebre cineasta, nacido en una familia judía muy ortodoxa, encabezó la división europea de Columbia Pictures, ascendió a finales de los setenta a la presidencia de United Artists, y volvió a Praga tras los cambios democráticos de 1989.
Durante sus años al frente de la prestigiosa productora, recordó, llegaban anualmente unas 3.500 solicitudes para rodar una película, y "al principio rechacé el guión de un boxeador propuesto por un actor principiante". Pero después, explicó, "sugerí que si entraba en un presupuesto de dos millones y medio de dólares podríamos intentarlo", y así catapultó a ´Rocky´ a la fama. Auerbach no tiene buena impresión del cine checo actual, y entre las contadas excepciones menciona a "Kolja" de
Jan Sverak,
Oscar a la Mejor Película Extranjera (1996), "Zelary" de Ondrej Trojan, nominada a dicho galardón en 2004, y el relato de aventuras "Raftaci", de Karel Janak.
En cambio, valora la calidad interpretativa de los actores nacionales, porque saben representar en el teatro, argumentó, frente a la falta de versatilidad de algunas afamadas estrellas de Hollywood. "Intente imaginarse a
Bruce Willis, tal como actúa en ´Death of a Salesman´. ¡
Debería llamarse ´Death of Bruce Willis´! Tiene siempre la misma cara", ironizó. "Los actores son como niños, quieren todo inmediatamente y son encantadores sólo si necesitan algo.
Una vez me llamó
Robert De Niro a las cuatro de la mañana desde Japón, para que resolviera un serio problema enseguida. ¡
El director tenía una habitación más grande que él!". Sin embargo, confiesa Auerbach, "lo entiendo, porque uno tiene que estar un poco loco para ponerse ante la cámara". También se refirió a la ex primera dama y actriz checa
Dagmar Veskrnova, mujer de Vaclav Havel, "que quería sobre todo interpretar a María Estuardo, aunque no tiene en absoluto el perfil adecuado".
Al recordar su último encuentro con Brigitte Bardot en Saint-Tropez, hace unos tres años, cuando la vio en una plaza y se acercó a saludarla dijo que "en ese momento se dio la vuelta y me quedé pasmado". "Era Brigitte, pero horrorosa, parecía horrorosa. Siempre tuvo un carácter peculiar y no soportaba a la gente a su alrededor", afirmó. Según Auerbach, "cuanto más hermosas son las mujeres, tanto más dolorosa es su ancianidad, aunque es verdad que se dice que la belleza está en los ojos del que mira", añade.
Actualmente en su cuarto matrimonio, comentó que "mi primera mujer (una española) era tan joven, que todavía no era mujer, pero una chica romántica. Todas las noches bebíamos champán, o mejor cada dos días". Si algo lamenta de su brillante trayectoria es que "se me pasó la infancia de mis hijos, que por el ascenso profesional he descuidado a la familia. Si pudiera vivir otra vez, no sería tan ambicioso".
Ahora, a sus 84 años, "soy verdaderamente feliz si mi mujer me permite merendar con queso de cabra", confía Auerbach, y confiesa que "la verdad es que continuamente pienso en el ´después´. No tengo todavía la respuesta".