23/06/2009
El Festival de Cine Gay y Lésbico de Tel Aviv y la Marcha del Orgullo Gay de Jerusalén concentra esta semana la irritación de los ultraortodoxos judíos, que consideran la homosexualidad una "abominación" intolerable en Tierra Santa. La comunidad gay, lesbiana, bisexual y transexual de Israel trata cada año por estas fechas de hacerse un hueco en una sociedad marcada por la fuerte influencia de la religión y por el hecho de estar ubicada en un territorio considerado sagrado por los tres principales monoteísmos: Cristianismo, Judaísmo e Islám.
La ciudad más abierta y cosmopolita del país, Tel Aviv, celebró la pasada semana sin incidentes su Marcha del Orgullo Gay y esta noche estrenará la cuarta edición del Festival de Cine Gay y Lésbico (TLVFest), en el que se presentarán más de 50 largometrajes y unos 70 cortos, de cuales el 30 por ciento son de producción israelí.
Según explica su director, Yair Hochner, este año no han sufrido ataques frontales y amenazas de la comunidad religiosa como en otras ocasiones. Pero el festival vuelve a enfrentarse a un serio problema de fondo ya que "es muy difícil conseguir patrocinadores porque las empresas saben que si nos apoyan, sus productos serán boicoteados por los consumidores religiosos, que son muchos".
Al respecto, el rabino ultraortodoxo David Lickman recuerda que "los actos homosexuales están claramente prohibidos en la Torá (Pentateuco). Ese tipo de comportamientos no son lo que Dios desea". Pero, pese a la condena religiosa y a la falta de fondos, el festival de Tel Aviv, único de temática gay y lesbiana en Oriente Medio, sigue creciendo.
Y con ayuda del Ministerio de Cultura o de instituciones extranjeras, como la Embajada de España, este año ofrece un amplio abanico de filmes que no llegan a las salas comerciales. "Gracias a las subvenciones hemos cubierto una cuarta parte del coste del festival y esperamos que la venta de las entradas financie el resto", dice Hochner, para quien la falta de patrocinadores "demuestra que Israel tiene todavía mucho trabajo por hacer para convertirse en un país tolerante".
Este año se proyectarán dos películas españolas: "Spining", del director
Eusebio Pastrana y ganadora de la mejor película en el Festival de Cine Gay de Barcelona, y "
20 centímetros" dirigida por Ramón Salazar y protagonizada por Rosi de Palma. También tendrá un lugar especial Brasil, con la presencia de Suzy Capo, directora del festival Mix Brasil, el más importante de este género en Latinoamérica y uno de los mayores del mundo, y la proyección de los largos "Signo da Cidade" y "Rainhas", y de tres series de cortos, "Extreme Brasil", "Docubrasil" y "MixBrasil". Si bien la exhibición de películas de temática gay es posible en Tel Aviv, algo así no podría hacerse en prácticamente ninguna otra ciudad israelí, admite Hochner.
"En Tel Aviv la homosexualidad se vive con naturalidad, pero en el resto del país los gays o lesbianas se esconden", asegura. De ello da fe Yonatan Gher, director de la Casa Abierta de Jerusalén, la ciudad israelí donde la comunidad homosexual se encuentra con mayor oposición.
"El jueves celebraremos de nuevo la Marcha del Orgullo Gay, por octavo año consecutivo y creemos que aquí es especialmente importante porque el debate de lo que debe ser Jerusalén no puede dejarse exclusivamente a los extremistas (religiosos)", explica Gher. Frente a la Casa Abierta, situada en el centro de la ciudad y a sólo diez minutos andando de lugares tan sagrados para muchos como el Muro de las Lamentaciones, la Mezquita de Al Aksa o el Santo Sepulcro, se han repetido esta semana las manifestaciones de fieles ultraortodoxos portando carteles con lemas como "Dios odia a los homosexuales" o "la homosexualidad es una abominación".
El año pasado, la policía selló las salidas del barrio de Mea Sharim, donde residen miles de ultraortodoxos, para no permitirles que acudiesen a lanzar piedras e insultos a los participantes en la Marcha Gay. Para el rabino Lickman, "los ojos de todo el mundo están puestos sobre Jerusalén", y esta ciudad "tiene una responsabilidad de proyectar los valores morales en los que fue fundada".
Y aunque Lickman condena el uso de la violencia contra los participantes en la marcha, señala que "no se debe considerar intolerante a quienes se oponen a ella". "Hay sensibilidades en Jerusalén que deben respetarse: la gente no se manifiesta en el Vaticano pidiendo el sexo pre-matrimonial", agrega.