21/05/2007
Cansado, encantado y necesitado de nicotina. Así ha dejado a Javier Bardem su clamoroso triunfo en el Festival de Cannes con "No Country for Old Men", de los hermanos Coen, en la que borda un papel que resume en una frase: "Yo soy la violencia, no soy un ser humano".
Lapidaria definición para un personaje, Anton Chigurh, en el que aparece con aspecto insólito -nunca podrá olvidar esa media melena que hizo troncharse de risa a los Coen- y, encima, encarnando un carácter con el que no podía tener más diferencias.
"Tengo problemas con la violencia. No me gustan las películas violentas", comenta Bardem (Las Palmas de Gran Canaria, 1969) a un grupo de periodistas en el
Carlton, uno de los hoteles históricos en el de por sí histórico paseo de la Croisette.
Entre sus escasos papeles violentos, recuerda el Romeo Dolorosa que encarnó hace un decenio para Alex de la Iglesia en "
Perdita Durango", y si ahora ha aceptado otro a las órdenes de Joel y
Ethan Coen ha sido por ser ellos y porque "se basa en un gran libro" de Cormac McCarthy "que tiene algo detrás". Y ese algo es que, en la piel de Chigurh, "soy simbólico. Yo soy la violencia, no soy un ser humano: vengo de ningún sitio, voy a ninguna parte, no tengo motivos...", subraya mientras fuma un cigarrillo.
Pero Bardem sí tenía motivos para hacer la película, y es que "podía ser un buen modo de hablar" sobre una sociedad "tan acostumbrada a la violencia que ya no les llama la atención". "Cuando en un rodaje en EEUU agarras una pistola, todo el mundo sabe de qué modelo es, son una cultura habituada a las armas", agrega.
Muy al contrario que el sexo, pues cuando hubo que interpretar una escena desnudo en la cinta de los Coen, "había varias personas preocupadísimas de que no se me viera el culo. ¡Y eso después de una secuencia en la que maté a tres mexicanos sin problema!". Para dar verosimilitud a ese tipo de matanzas estuvo haciendo prácticas de tiro, con un resultado: "Me sentía aterrado".
Otro problema es que no sabe conducir vehículos, lo que hizo que secuencias tan aparentemente simples como su entrada al volante en un motel se convirtiesen en algo "espantoso". Pero este ganador de cuatro premios Goya del cine español, dos copas Volpi en el Festival de Venecia y candidato a un Oscar tenía otro motivo para lanzarse a "No Country for Old Men", y eran sus directores, que compiten por séptima vez por la Palma de Oro.
Bardem confiesa que era admirador de los Coen -"tengo todos sus DVD"- y en todas sus cintas veía "que los personajes tienen algo, y pensaba qué placer sería estar en sus manos", pero siempre concluía lo mismo: "Eso no va a ocurrir, porque sus películas son muy americanas" como para contar con un actor europeo.
Sin embargo, le llamaron y quedaron citados en Nueva York para hablar de la película, y allí la empatía entre ambos hermanos le hizo pensar que "eran un solo hombre con dos cabezas". El hijo de la actriz
Pilar Bardem y sobrino del cineasta
Juan Antonio Bardem se deshace en elogios hacia los Coen, de quienes destaca su talento y que "su principal objetivo en un rodaje es crear un ambiente relajado, sin problema alguno". Sobre si el rotundo triunfo de su trabajo -ovacionado en la rueda de prensa tras el pase- le genera expectativas de irse de Cannes con el galardón al mejor actor, confiesa que "no puedes evitar" tenerlas, pero "las cosas son extrañas cuando estás en el jurado".
Habla con conocimiento de causa, pues hace dos años formó parte del jurado oficial del certamen, donde le quedó claro que "es imposible comparar dos películas" y juzgarlas por el mismo rasero. En todo caso, se toma la vida con calma y sigue sin ver el sentido a mudarse de Madrid a EEUU, aunque sabe que a veces tiene que "emigrar, como en los años 60, cuando no había trabajo en España", donde admite con dolor que se ganó enemigos por expresar ideas como su rechazo a la guerra en Irak.
"No soy una bandera", pero "cuando tomas posición, la gente espera que lo hagas siempre, y yo no soy un político", subraya. Además, "es muy difícil trabajar con otro idioma, porque las imágenes, las emociones, no vienen como en tu lengua. Es un precio que pago cada vez que actúo en otro idioma".