11/03/2007
Una mujer que vive en la piscina de un viejo hotel, una familia de provincias marginada en La Habana y unos vecinos que temen perderlo todo en un ciclón, son algunos de los protagonistas de los trabajos de un grupo de jóvenes realizadores cubanos que no quieren cerrar los ojos a los problemas de su país.
Alina Rodríguez, de 22 años, creció viendo las dificultades de los emigrantes cubanos en un asentamiento en el barrio de San Miguel del Padrón y decidió contarlo en un documental que ha titulado "Buscándote Havana". "Quería mostrar sus problemas y contribuir a evitar la imagen peyorativa que se tiene de los orientales", explica Alina. Los "orientales" son los emigrantes de las provincias de oriente, que, en muchos casos, no han podido regularizar su situación y son considerados ilegales en su propio país. Para desarrollar su trabajo, Alina investigó durante meses en San Miguel, pero se topó con una barrera burocrática que la obligó a cambiar de planes más de una vez. Lejos de desistir, buscó nuevas historias, y las encontró en otros asentamientos, donde los "sin papeles" le hablaron de sus dificultades para trabajar y resolver sus necesidades básicas. "Las cosas que estamos pasando aquí son duras, durísimas", lamenta Fidel, un "oriental" que llegó a La Habana hace casi veinte años y aún sigue ilegal.
Trabaja en la construcción o conduce un ´bicitaxi´ ocasionalmente para mantener a su familia, pero reconoce que, más de una vez, sus hijos han comido gracias a la caridad de los vecinos. "Somos perseguidos, como si fuéramos contrarios al Gobierno, pero no es así", lamenta Fidel, que presume de haber puesto a uno de sus hijos el nombre de Elián, en homenaje al niño balsero Elián González. No es frecuente escuchar estos testimonios ni ver imágenes de los deprimidos asentamientos en las pantallas cubanas. Como tampoco lo es escuchar la historia de María, que vive en la piscina del viejo hotel Bristol de La Habana, o los lamentos de Onelia, una habanera que critica "la caótica" situación de la vivienda. También se quejan los protagonistas de "Camas Solas", un documental sobre la evacuación de los vecinos de un desvencijado edificio cercano al emblemático Capitolio por la amenaza del huracán Iván, en 2004. El edificio "se cae a pedazos" dice una vecina, mientras la cámara recorre grietas, agujeros, ventanas rotas y viejos camastros vacíos. Para su documental "Model Town", Laimir Fano escogió a un grupo de ancianos de Hershey (a unos 40 kilómetros de La Habana), un poblado nacido a la sombra de la antigua fábrica de chocolates.
Las estampas del Hershey bullicioso de hace medio siglo contrastan con las imágenes de la fábrica abandonada y el deterioro de la comunidad. "Siento a veces tanta soledad que lloro, me siento en el cuarto y lloro", confiesa una vecina, que guarda todavía en su memoria el sabor del chocolate de antaño. Los trabajos de estos tres jóvenes forman parte de la Sexta Muestra Nacional de Nuevos Realizadores, auspiciada por el Instituto del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), que se estrenó en La Habana a finales de febrero y que, con muy poco eco, se exhibe durante este mes en el Centro Cultural Hispanoamericano. En esta edición han sido muchos los realizadores que han elegido "los temas que nos preocupan, que hemos vivido", explica Abel Raymond, co-director de "Camaleón", un trabajo que intenta profundizar en la idiosincrasia del pueblo cubano. "No le podemos dar la espada a las cosas que están a nuestro alrededor. Tenemos que abrir los ojos. Hay que dejar una huella histórica de la sociedad de hoy", apunta Alina.
Para Marilín Solaya, directora del departamento Audiovisual del Centro, la exhibición de estos documentales demuestra que hay avances, aunque "no se van a poner en los medios cubanos. Cosas menos sensibles tampoco se ponen". "
Chocolate-1993.htm>Fresa y Chocolate", de Tomás Gutiérrez Alea, el mayor éxito internacional del cine cubano, se estrenó en 1993 y aún no ha sido programada por la televisión local, lamenta Solaya.
Mar Marín, La Habana