25/05/2009
Una exposición recorre la historia de los efectos especiales en el cine.
Un hombre pálido y sin ojos, uno de los personajes más terroríficos del filme ´El Laberinto del Fauno´, da la bienvenida al público en la entrada, como si fuera el siniestro taquillero de una sala de cine. Sobre su cabeza, una advertencia: "No recomendado para menores de 13 años". No es la puerta de acceso a ningún museo de los horrores, se trata de la exposición ´El arte del engaño en el cine´, que recorre hasta el 30 de agosto en el Palau Robert de Barcelona la historia de los efectos especiales artesanales en la gran pantalla.
"El gore de cerca impresiona. Por eso se avisa que algunas imágenes pueden herir la sensibilidad del espectador", afirma Montse Ribé, ganadora junto a su marido David Martí, del Óscar en 2007 al mejor maquillaje por la película que sobre la Guerra Civil firmó Guillermo del Toro. Sus extrañas criaturas comparten exhibición y vitrina con otros totems de la historia del cine fantástico y de terror como el King Kong que realizó Willis O´Brien en 1933 (eso sí, a escala), así como los trabajos de su discípulo
Ray Harryhausen, autor de los efectos de ´
Jason y los Argonautas´ (1963) o las creaciones de
Stan Winston, responsable de la saga ´Terminator´. "La exposición pretende poner al alcance del visitante la magia del cine, el arte oculto tras los fotogramas", señala el comisario de la muestra, Jep Porras.
"Queremos además sacar del anonimato a auténticos genios de la creación, que no se llevan los aplausos que sí reciben los directores", afirma. Y añade. "Todo el mundo se acuerda de ´ET´, pero nadie cae en la cuenta de que el muñeco extraterrestre no lo fabricó
Steven Spielberg, sino un autor, Carlo Rambaldi, que está detrás de obras de arte como ´Alien´ o ´Tiburón´". "Por eso, añade, queremos desmitificar la figura del director; ellos no hacen las películas solos, sino que ponen en marcha toda una maquinaria que hay detrás". "Con la muestra queremos honrar a estos genios anónimos del mundo del cine", remata. Montse Ribé siente predilección por los clásicos. "El King Kong de O´Brien marca un antes y un después porque por primera vez un monstruo interactuaba con las personas. Ahora puede parecer un simple muñeco, pero en los años 30 la gente corría muerta de pánico. Aquel King Kong en blanco y negro tenía mucha alma", señala Ribé.
Respecto al Terminator encarnado por
Arnold Schwarzenegger, Ribé se pone en pie: "Es un punto y aparte en la enciclopedia de los efectos especiales. Stan Winston supo mezclar los efectos artesanales con el cine digital". Porras, en cambio, sitúa el punto de inflexión del género en la ´Guerra de la galaxias´, de George Lucas. "Hasta su irrupción, en 1977, los efectos especiales vivían una época poco gloriosa", explica. "Pero hay auténticas obras de arte anteriores que no las han hecho ni Lucas ni Spielberg", añade.
Ribé, copropietaria de la empresa DDT (muy presente en la exposición), que ha intervenido en ´Ágora´, la última película de
Alejandro Amenábar, señala que el cine de ciencia ficción refleja nuestros "miedos internos". "El miedo a la realidad, cuando se ve reflejada a través de una historia provoca sustos y ganas de gritar", concluye.
En el proceso de producción, David Martí dice que hay "pocas normas y mucha creación sobre la marcha". "No hay un libro de instrucciones de cómo funciona una animatronic, hay que ir inventando a salto de mata", afirma. Eso sí, igual que
Jaume Balagueró, afirma que los libros forenses y de criminología son una buena fuente de inspiración. Técnica novedosa La muestra del Palau Robert, como recorrido de más de cien años de historia del cine, expone las últimas creaciones y la vertiente más artesana de la industria cinematográfica, basada en la técnica del ´Stop-motion´. "Éste es un sistema de animación trabajado fotograma a fotograma", según explica Jep Porras.
Los visitantes pueden contemplar algunas muestras de maquetas empleadas por los primeros animadores, que bebieron de las influencias de George Meliès y sus filmes fantásticos. Así, apunta Porras, "lo que a través de múltiples técnicas auxiliares (mecánica, maquillaje, modelaje, escultura y robótica) se convierte en un arte, el arte de engañar al ojo del espectador, haciéndole creer y ver algo que no es".
Porras destaca a los pioneros, que grabando fotograma a fotograma llegaron a dar vida al primer King Kong (1933) o a los esqueletos que atacaban a Jasón y los argonautas (1963). "El Stop Motion es una ilusión óptica y hay auténticas joyas con esta técnica, que hoy en día nadie usa porque esta tan artesanal que no es rentable", afirma Jep Porras. "Sólo genios como
Tim Burton, en la ´Novia cadáver´ o en ´Pesadilla antes de Navidad´ pueden permitirse el lujo de tirarse cuatro años montando un filme", añade. Y es que, como dice a Montse Ribé, "lo más inverosímil debe parecer real, los monstruos se deben poder tocar". "Cuantas veces no nos habremos preguntado después de ver una peli, ¿cómo es posible hacer eso? Dar elementos para que el espectador pueda empezar a responder a esa cuestión es uno de los objetivos de la muestra", concluye Porras.
Además, de los clásicos, por el Palau Robert se dejan ver también la momia guerrera del ´Corazón del guerrero´ de Daniel Monzón; ´Chuky´, el muñeco diabólico; las máscaras del ´Orfanato´ y buena parte de la prole de monstruos que aparecen en ´Hellboy´. Como dice Jep Porras, "magia, espectáculo y entretenimiento".
(COLPISA, Cristian Reino).