05/11/2000
El protagonista de "Platoon" y "El paciente inglés" borda su papel de recluso en "Animal Factory", un sombrío drama carcelario dirigido por el también intérprete Steve Buscemi .La memoria cinéfila a veces es injusta. Después de veinte años de carrera, el rostro inquietante de Willem Dafoe continúa asociándose a sus papeles de villano, brillantes composiciones en las que este actor de labios gruesos y mirada de ofidio acostumbra a desencajar a la audiencia encarnando el mal en estado puro: el Bobby Peru de Corazón salvaje, sin ir más lejos. Todos sus personajes tienen un punto de turbiedad, esconden una personalidad compleja y logran transmitir el alma de un intérprete acostumbrado a vivir con intensidad.
Sin embargo, olvidamos que Willem Dafoe ha dado vida a seres tan positivos como el sargento Elias de Platoon, el rígido agente del FBI que acompañaba a Gene Hackman en Arde Mississippi e, incluso, ha sido el Mesías más humano de la historia del cine en La última tentación de Cristo. Dafoe no se ve a sí mismo como una estrella destinada a ingresar algún día en el club de los veinte millones de dólares. Lo suyo es moverse con sigilo por las candilejas de Hollywood, guardar con celo su privacidad y sentirse satisfecho por la constatación de que su nombre en un reparto es garantía de encontrarnos ante un filme diferente.
Nacido hace 45 años en Appleton, Wisconsin, Willem creció en el seno de una familia de ocho hermanos sin ninguna conexión con la industria del espectáculo. Lejos de seguir los derroteros profesionales que veía a su alrededor, nuestro hombre decidió estudiar Arte Dramático, ingresando a los dieciocho años en la Universidad estatal. No llegó a graduarse. Pese a su innegable talento, las autoridades académicas decidieron expulsarse el último año de carrera, debido a un comportamiento indómito que le mantenía la mayor parte del tiempo alejado del campus.
Theatre X
Establecido en la ciudad más importante del estado, Milwaukee, Dafoe fundó un grupo de teatro independiente, Theatre X, que alcanzó gran renombre en los círculos artísticos del país. Tras una gira de dos años por Europa y Estados Unidos, se marchó a vivir a Nueva York, donde coqueteó con la idea de probar suerte en el cine. Los comienzos no pueden ser más desalentadores. Después de múltiples pruebas, tan sólo accede a un papel en una cinta pornográfica softcore, convertida hoy en día en una rareza para coleccionistas.
A finales de los setenta, el actor malvive gracias a su trabajo en compañías de teatro de segunda fila. Hasta que una noche es invitado a una fiesta en casa de la actriz y directora escénica Elizabeth Compte. Dafoe arrasa con la bebida, monta un numerito y la anfitriona le despacha sin contemplaciones al grito de «¿Quién ha invitado a este desgraciado?». Poco tiempo después, ambos acaban fundando The Wooster Group, una de las tres compañías de teatro de vanguardia más prestigiosas de Estados Unidos. Hoy, Compte es la compañera sentimental de Dafoe, con quien tiene un hijo, Jack, de 23 años.
Tras aparecer brevemente en cintas como La puerta del cielo o El ansia, el director Walter Hill reclama la presencia de ese actor de físico anguloso para interpretar al malvado Raven de Calles de fuego. La consagración vendrá en 1986, cuando Oliver Stone, deslumbrado por su trabajo en Vivir y morir en Los Ángeles, le recluta para Platoon. La imagen del actor arrodillado en el suelo y con los brazos en alto mientras es acribillado a balazos por los soldados del Viet Cong se convierte en el póster del filme. Dafoe recibe su primera y única nominación al Oscar hasta la fecha.
Actividad
También ha ganado otros desafíos. Mantener el tipo frente a Gene Hackman en Arde Mississippi confirmó la versatilidad del actor. Cuando Martin Scorsese comprueba, desesperado, que Aidan Quinn no puede estar disponible para el polémico rodaje de La última tentación de Cristo, se acuerda del sargento Elias y contrata a Dafoe, quien acepta cobrar el salario mínimo establecido por los sindicatos ante las dificultades económicas que atraviesa la producción, controvertida hasta después de su estreno.
Ya en los noventa, Willem es un intérprete establecido cuyo nombre trae resonancias de cineastas independientes -Wenders, David Lynch, Ferrara-, pero que tampoco le hace ascos a grandes producciones, como El paciente inglés, o trabajos alimenticios junto a Madonna: la espantosa El cuerpo del delito. No figura en la primera división de estrellas de Hollywood, pero tampoco conoce el desempleo: cuando no rueda, actúa en Chicago con The Wooster Group.
Animal Factory, en las salas desde el próximo viernes, ofrece otra escalofriante composición de este hombre impenetrable, quien realiza el papel de un recluso veterano que toma bajo su protección a un recién llegado (Edward Furlong). El filme, dirigido por el actor Steve Buscemi, es un sombrío drama carcelario que ha recibido excelentes críticas en su país de origen. Dafoe impresiona. El amenazador aspecto que exhibe durante el metraje, con la cabeza afeitada, no le impide mostrarse como el personaje más positivo de la función.
E incluso, como el más sexy: por algo en Hollywood es conocido como el actor mejor dotado de la industria. Baste recordar su fugaz visita al Festival de San Sebastián en 1997, donde hizo honor a su fama de ligón, incluido un veloz romance que tuvo su desenlace, según numerosos testigos presenciales, en plena playa de la Concha.
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