11/08/2008
Isabel Coixet acaba de estrenar en Estados Unidos "Elegy", su primera aventura en el sistema de grandes estudios y con la que se suma a la tradición de otros directores españoles en Hollywood como Luis Buñuel, Edgar Neville y Alejandro Amenábar.
El universo personal de la directora, que ya rodó en inglés títulos como "
Mi vida sin mí" (2003) o "
La vida secreta de las palabras" (2005), lucha por sobrevivir a pesar de haber sido el último nombre en incorporarse al filme, protagonizado por
Penélope Cruz. "Soy una controladora y me habían advertido de que trabajar para un estudio era distinto, pero yo tenía una visión determinada de cómo tenía que ser la película. Hubo confrontación pero me han respetado mucho", explicó a Efe en Los Ángeles. Al presentar la película en Madrid -y tras competir en la Berlinale- reconoció: "He perdido algunas batallas, como la del título, que no se corresponde con el original de la novela, para centrarme en ganar la batalla de la película".
"Elegy" adapta la novela "El animal moribundo" de
Philip Roth, de ahí la confusión en España, donde otra obra del mismo autor, "Everyman", se tradujo como "Elegía". Coixet, que de momento rodará su próxima película en Japón, parece seguir la tradición de cineastas españoles cuyas incursiones en los grandes estudios fueron fugaces.
"Me parece que en Hollywood, atrapado en el sistema americano y aun disponiendo de medios sin comparación posible (..) mis películas habrían sido diferentes. Creo que nunca hubiera podido acomodarme a un sistema semejante", explicaba Luis Buñuel en su autobiografía "Mi último suspiro". El aragonés acudió a Hollywood tras el exilio político durante la dictadura franquista, una época en la que el cine estadounidense se nutrió de los mejores talentos europeos que huían del ascenso fascista, como
Billy Wilder,
Anatole Litvak y
Fred Zinnemann. Sin embargo, Buñuel, que mantuvo el contacto con René Clair y
Erich Von Stroheim, acabó en México, donde realizó, eso sí, dos películas para compañías estadounidenses: "
Robinson Crusoe" -candidata a un Oscar- y "The young one". El director de "
Viridiana" (1961) siguió coqueteando con Hollywood, aunque infructuosamente: quiso dirigir "Los seres queridos", que acabaría realizando
Tony Richardson en 1965; ayudó a
Dalton Trumbo con el guión de "
Johnny cogió su fusil" (1971), aunque no aparece en los créditos, y rechazó la oferta de
Woody Allen de interpretarse a sí mismo en "
Annie Hall" (1977).
Alejandro Amenábar, como Buñuel ganador de un Oscar, no lo logró con su película más ceñida al sistema de grandes estudios, "
Los otros" (2001), que, producida por
Tom Cruise y protagonizada por
Nicole Kidman, se convirtió en el éxito sorpresa de 2001. El director volvió a España con "
Mar adentro" (2004), por la que recibió finalmente el premio, y ahora rueda en inglés, pero con producción española, la superproducción "Ágora", con
Rachel Weisz. "En Hollywood sigo siendo el ´merluzo´ y sigo siendo también el director extranjero. El glamour y la alfombra roja no es lo que más me gusta de mi profesión", explicaría.
Mientras,
Juan Carlos Fresnadillo, candidato al Oscar por su cortometraje "
Esposados" (1996), tras dirigir en Inglaterra "
28 semanas después" (2007) ha sido fichado por
Steven Spielberg para rodar un nuevo thriller: "Wednesday". El realizador canario afirmó a Efe que Dreamworks, la productora del director de "E.T" (1982), es "un lugar que respeta mucho la visión de los creadores, su voz e identidad. Allí me siento como en casa".
Así, el único que de momento ha comulgado con el sistema es
Jaume Collet-Serra, que estudió cine en Estados Unidos y tras rodar vídeos musicales y anuncios publicitarios, debutó directamente en Hollywood con "
La casa de cera" (2005), la primera incursión en cine de
Paris Hilton. Ahora tiene pendiente de estreno "Orphan", una cinta rodada en Toronto y Montreal con los actores estadounidenses
Peter Sarsgaard y
Vera Farmiga.
Sin embargo, el caso más curioso -y más añejo- es el de Edgar Neville, que llegó a codearse con
Charles Chaplin y
Douglas Fairbanks en los años treinta, cuando Hollywood rodaba en castellano versiones de sus grandes éxitos. Neville, que había ido a Estados Unidos como diplomático, se dejó deslumbrar por la fábrica de sueños antes de convertirse en España en el responsable de clásicos atípicos como "
La torre de los siete jorobados" (1944) y "
La vida en un hilo" (1945). "En mi tiempo, Hollywood era un jardín con palmeras, cocoteros y casitas", contaba en una entrevista en el libro "Doce hombres de letras". "Estaba poblada por aventureros, escritores y actores de todas procedencias. Se vivía una bohemia divina, ya que la vida era muy barata y el dólar valía cinco pesetas".
Mateo Sancho Cardiel (EFE).