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El veterano intérprete argentino protagoniza "Esperando al mesías".
Segunda película del realizador bonaerense Daniel Burman, "Esperando al mesías" es un voluntarioso diagnóstico del estado de ánimo que asola Argentina tras la era Menem. El filme, en los cines desde el pasado fin de semana, está protagonizado por Héctor Alterio, un actor que vino a nuestro país hace 25 años huyendo de la dictadura militar y que ha acabado por afianzar su carrera entre dos continentes con la serenidad y el rigor de los grandes.
-El mesías del que habla Daniel Burman es un mesías cotidiano, la persona que nos salva diariamente. -Es ese alguien que tiene la cama lista y un té caliente cuando llegamos a casa. Ten en cuenta que la película está ambientada entre judíos bonaerenses ortodoxos, una colectividad que aún espera al mesías.
-La película refleja un estado de cosas en el país. -Por supuesto. Todavía pagamos las consecuencias del "crack" económico de hace unos años. Alguien oprimió una tecla equivocada en Hong Kong y un banco quebró en Argentina. Así funcionan las cosas. Y no hay motivo para el optimismo: a este desgobierno se unen las heridas sin cicatrizar de la dictadura militar. ¿Le cuento un dato escalofriante?
-Dígame. -Cada día mil jóvenes solicitan su pasaporte para buscarse la vida en otro lado. Es el porvenir en el exilio.
-A usted le ocurrió lo mismo, pero por motivos políticos. -Sí. Desde que tengo uso de razón, los argentinos vivimos con las esperanzas congeladas. Las descongelamos un poquito a la noche, eso sí.
-El buen momento que atraviesa el cine español, ¿se refleja en la oferta para actores maduros? -Sí. Aunque en otra épocas he trabajado con mayor continuidad. Ahora estamos supeditados a una excesiva producción de películas, que no encuentran cobijo en las salas. Y aquí me tengo que referir al avasallamiento del cine americano, que cercena la producción nacional.
-Ser actor consiste en estar a la espera de la oferta. -A veces tengo la sensación de que esta es una profesión de usar y tirar. Los actores somos materia descartable, vamos por modas. Nos usan hasta que nos gastamos, y después buscan a otro. Ocurre hasta en los festivales: cuando eligen homenajear a un actor y este no puede acudir, enseguida buscan un sustituto.
-Sus dos hijos, Malena y Ernesto, son también actores. ¿Qué actitud ha tomado ante la continuación de la saga familiar? -Ya están inmersos en una labor que encaran con honestidad. Yo he procurado transmitirles una visión escéptica de la profesiòn, quizá porque, inconscientemente, no hubiese querido que se dedicaran a la interpretación. Les pinté un panorama realista cuando estuvieron a las puertas de la universidad. No surtió efecto.
-¿Les da consejos? -No les hacen falta. Han mamado la profesión viéndome a mí desde pequeños: mis largas ausencias, la dureza del teatro
-¿Está satisfecho de su experiencia televisiva en El grupo? -Mucho. Lamentablemente no sé por qué no pudimos grabar ni los trece capítulos previstos. Los productores dicen que no se alcanzó la audiencia exigida.
-Quizá porque era una serie más adulta que lo habitual en este tipo de productos. -Yo creo que no cuajó porque el tema del psicoanális todavía no ha prendido en España como en Buenos Aires o Nueva York. Allí es como ir al gimnasio, e incluso los términos psicoanalíticos forman parte del lenguaje cotidiano. Aquí piensan que es algo para locos.
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