25/02/2001
El primer intérprete español aspirante a un Oscar afirma que «seguiré dando prioridad a los personajes», aunque reconoce que «es difícil rechazar las cantidades que te pagan» en Estados Unidos, un país donde «se machaca al perdedor».La resaca del éxito por su nominación al Oscar hoy no sólo es metafórica. Javier Bardem combate los excesos de la noche anterior con botellines de agua, mientras desgrana con lucidez y escepticismo su experiencia americana tras promocionar durante tres meses Antes que anochezca, película en la que da vida al poeta y escritor cubano Reinaldo Arenas.
-Tuvo sus reticencias a la hora de aceptar el papel, debido a las simpatías que profesaba hacia el régimen castrista.
-Evidentemente: he nacido en una familia comunista. Tengo 31 años, y la gente de mi generación está bastante desinformada de lo que Cuba significa. Es un país con un período negro en su historia, durante el cual ser homosexual y artista constituía un pecado contrarrevolucionario: acababas en la cárcel o, simplemente, desaparecías.
-¿Ignoraba esa realidad histórica?
-Sí. Y descubrirla me produjo una gran frustración. Cuando llegué a La Habana para constrastar ideas y opiniones con gente que vivió aquella época y conoció a Reinaldo, me di cuenta de que todo era verdad. Entonces, tomé la decisión de hacer la película para condenar esos hechos.
-El mensaje de Antes que anochezca aboga por la tolerancia.
-Habla de un tema importante y universal. No quiero eximir de culpas a Cuba y a Castro, porque las tiene todas, pero la cinta va más allá de la historia de Reinaldo Arenas. Habla también de la España de Franco que mató a Lorca y de la Inglaterra que encarceló a Oscar Wilde. Sin ir más lejos, cuando estábamos en el Festival de Venecia, el Papa condenó la homosexualidad delante de dos mil personas
-¿Qué posibilidades tiene de ganar el Oscar?
-El veinte por ciento, ¿no? En serio, no he pensado mucho sobre la posibilidad de ganar o perder. Si digo que no me importa, pensarán que soy un chulo, pero es que, sinceramente, un Oscar no debe celebrarse más allá de la anécdota. Es un premio que forma parte de la autopromoción del cine americano. ¿Posibilidades de que gane? Muy pocas: soy español y no tengo 18 agentes de prensa trabajando para mí, como Tom Hanks.
-Qué escéptico es usted.
-Es que sería un error pensar que soy especial por estar nominado. Los premios sacan lo peor de uno, la envidia y la ambición del éxito por el éxito. Convierten a compañeros en competidores.
Mesa de perdedores
-¿Cómo vivió la entrega de los Globos de Oro?
-No me sentí parte de aquel circo. A los europeos, nos sentaron en una mesa apartada de las estrellas, que estaban en primera fila. Era la mesa de los perdedores, pero yo me sentía muy orgulloso. Teníamos platos y cubiertos delante, pero eran de "atrezzo", todo mentira. Me costó horrores corromper al camarero para que me trajera algo de comer.
-¿Qué es lo que más le ha sorprendido de la maquinaria hollywoodiense?
-La ansiedad informativa que existe ante un producto que toma relevancia. Los periodistas van como buitres a la carnaza, con una pomposidad y una hipocresía alucinantes. Aquéllo sí que es la hoguera de las vanidades. Sólo se potencia al ganador y se machaca al perdedor. Vales lo que tu última película recauda. No me extraña que los habitantes de Los Ángeles se vuelvan locos, drogadictos y alcohólicos.
-¿Cuál es la pregunta más rara que le han hecho?
-Que si no me preocupaba el encasillamiento, al hacer un personaje homosexual. Algo así como: "has hecho algo malo, ¿lo sabes?". Y yo saltaba, claro.
-Acláreme qué pasó en la famosa entrevista con Spielberg y su negativa a trabajar en Minority Report.
-Tuve el privilegio de entrevistarme con Spielberg en su casa durante tres horas. Me temblaban las piernas, porque es una de las personas que más admiro en la profesión. Había visto "Perdita Durango" y me ofreció un papel pequeño que, tal como temía, apenas tenía entidad. Más tarde, me ofreció ser el coprotagonista, con Tom Cruise.
-¿Y?
-Pues el guión es magnífico, creo que "Minority Report" va a ser el "Blade Runner" del siglo XXI, una mirada humana y crítica a la tecnología que nos invade. Pero mi personaje seguía siendo inexistente, aunque apareciese mucho tiempo. Era el malo de la película, que se limitaba a perseguir a Tom Cruise por los tejados.
-Y le dijo que no.
-Mira, ha sido la decisión más importante que he tomado en mi vida profesional. Le llamé por teléfono y le dije que no podía hacer ese papel. Él lo entendió y me contestó que no me preocupase, que ya hablaríamos en el futuro. Me puso la carne de gallina que el rey Midas del cine mundial se colocara en mi posición.
-¿Es que sus planes de futuro no pasan necesariamente por Hollywood?
-No tengo esa sensación. Soy un actor español que ha hecho una película en inglés que ha tenido mucha repercusión. Después, he rodado otra producción española dirigida por John Malkovich y ahora estoy a la espera de ver qué hago. No he dicho adiós para probar suerte en otro mercado. El imán que me atrae a Hollywood lo han fabricado los medios.
-Pero ha recibido ya varias ofertas.
-Sí, guiones que no me gustan nada.
-¿Como cuáles?
-Pues el de "Instinto básico 2", por ejemplo. Me ofrecían mucho dinero. Ese es el problema de EE UU: las cantidades que te pagan son muy difíciles de rechazar. Ves las películas que hacen otros y resulta muy fácil decir que tú nunca las harías. Luego, descubres lo que pagan y, hostias, piensas en cómo podías ayudar a tu familia y a tus amigos con ese dinero.
-Usted tambien caerá.
-Seguro. Y no pediré disculpas. Un día, haré "Arma letal VIII" por dinero. Pero ese no es el caso de Spielberg. No podría dormir tranquilo si trabajara a las órdenes de uno de los directores que más admiro sólo por el dinero. Sentiría una frustración que los dólares no pueden aplacar.
-Los productores españoles pensarán ahora que usted es carísimo.
-Se equivocan. Mi precio ha subido por todo lo que ha pasado, porque sé que, a partir de ahora, mi nombre va a facilitar la financiación para hacer una película, y eso se paga. Pero no voy a pedir dinero a quien no lo tenga: "Antes que anochezca" la hice por la tercera parte de mi salario habitual.
Miedo al descontrol
-Para el común de los mortales, las cifras de las que habla son casi obscenas.
-Es que el cine está muy bien pagado si eres el protagonista. A cambio, tienes otros sacrificios: falta de privacidad, disposición absoluta para promocionar tus películas, falta de orden en tu vida Yo, hasta el día en que me muera, intentaré priorizar los personajes, aquí y en EE UU.
-¿A qué está dispuesto a renunciar para triunfar en Hollywood?
-A nada. Espero que no cambien los demás, que es lo que suele suceder en estos casos. Para mí, el éxito significa hacer lo que yo quiero, crecer a base de contradicciones y hacer buenas películas.
-Se ha convertido en el centro de atención de su familia.
-Ellos están contentos, porque a uno de los suyos le ha sucedido algo bueno. Pero, como me quieren, también están asustados de la falta de control que puedo experimentar. Estamos felices, pero escépticos. Celebramos las alegrías y comentamos las dudas. Todo es transparente entre nosotros, nada es absoluto. Porque no hay absolutos en esta vida, por eso no creo en Dios, entre otras cosas.
-¿Sabe?, su madre confesó a EL CORREO que soñaba con encarnar a Pasionaria algún día. Es una bonita paradoja que usted haya triunfado dando vida a un mártir de la Revolución.
-Ella está encantada en cualquier caso. Creo que tanto Pasionaria como Reinaldo Arenas son personajes apasionantes, seres con una moralidad y ética tan insobornables que no pueden contradecirse el uno al otro. Si ellos hubieran tenido la oportunidad de conocerse, estoy seguro de que se entenderían. Porque ambos defendían la libertad sobre todas las cosas.
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