16/04/2001
Borda su desopilante composición de Cuco en "Torrente 2: Misión en Marbella ".Desde que debutó en 1983 a las órdenes de Jaime Chávarri con Las bicicletas son para el verano, este madrileño de 34 años ha interpretado a algunos de los zangolotinos más memorables del cine español. Gabino Diego reconoce que, en la vida real, tiene mucho que ver con sus personajes. Despistado y divertido como ellos -su propia madre le dio dinero cuando tocaba la guitarra en unos grandes almacenes-, el coprotagonista de Torrente 2: Misión en Marbella borda su desopilante composición de Cuco, el fiel escudero politoxicómano de Santiago Segura, quien define su papel como «un memo memorable»
-Con su aspecto en el filme no arrastrará al sector de público compuesto por quinceañeras.
-Siempre me ha tocado hacer personajes no muy agraciados físicamente. Pero Cuco es especialmente poco agraciado. Claro que a las mujeres también les hace gracia. Si no, irían a ver a Harrison Ford.
-Defínalo.
-Es una mezcla de vagabundo, yonqui y perrito faldero de Torrente. Es un Sancho Panza que sigue a su señor porque no tiene adonde ir. Como Torrente, su patetismo hunde sus raíces en la realidad.
-¿Quizá ese sea el secreto del éxito de la película, que nos reconocemos en sus miserias?
-Claro. Es una realidad deformada y llevada al terreno del cómic. Torrente está sacado de la España más cutre, de valores rancios y "fachas" que todavía perviven.
-¿Lo han pasado tan bien rodando la película como parece?
-Sí, aunque Santiago Segura es muy exigente: si algo no le hace gracia, no se ríe. El guión ya era muy divertido. Rodar esas situaciones e improvisar sobre la marcha fue una gozada.
-Lleva ya casi dos décadas en la profesión. ¿Qué le evita caer en la rutina?
-Tengo pasión por mi trabajo, es toda una suerte. Me deprimo cuando no me llegan personajes bonitos y no puedo hacer feliz a la gente. ¿Sabes? Mi mayor orgullo profesional es llevar diecisiete años en ésto y que por la calle me traten con cariño. La magia, por fortuna, sigue produciéndose.
-¿Y, a nivel humano, de qué se siente satisfecho?
-De tratar de no hacer daño a los demás. Creo que todos tenemos la misión de hacer el mundo un poquito mejor. Si trabajara en un banco, también me gustaría que el cliente quedase satisfecho. No sé si suena muy pretencioso, pero es algo que ya me ocurría en el colegio.
-¿Divertía a sus compañeros?
-Sí. Salía a la pizarra, no me sabía la ecuación y el profesor me agarraba por la cabeza. Entonces movía las piernas y la gente se descojonaba. Ahí descubrí que servía para algo.
-Usted tiene una hija de cuatro años. ¿Las responsabilidades le hacen arriesgar ahora menos en la elección de sus proyectos?
-No. Tampoco puedes elegir mucho en esta profesión. Prefiero hacer un anuncio, y ganar mucho dinero trabajando poco, que meterme, no sé, en una teleserie. Quizá no gane tanto como otros actores que trabajan en televisión, pero soy más feliz porque hago lo que me gusta: cine, teatro y producir música. Por ahora, sobrevivo.
-¿Y cuándo le veremos de padre en el cine?
-No sé. Bueno, en "La hora de los valientes" hacía de padre al final. Uno madura como persona al mismo tiempo que como actor. Todavía puedo hacer de chavalillo, pero también de hombre maduro.
-¿Qué hará próximamente?
-Empiezo a rodar "La balsa de piedra", una película de Georges Sluizer basada en un libro de José Saramago. Me gusta porque no es una cinta violenta, sino de poesía y relaciones humanas.
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