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Harold Lloyd
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La estrella de cine mudo Harold Lloyd fue el primero en hacer cine independiente en Hollywood, cuando se lanzó a la calle con una cámara a principios del siglo pasado, afirmó hoy en México su nieta Suzanne al presentar una retrospectiva sobre el actor, que podrá verse a partir de mañana en la Cineteca Nacional.
Suzanne recordó en una rueda de prensa cómo su abuelo inició su carrera en el cine en la película de Thomas Edison "The old monk´s tale" (1913), donde interpretó durante cuatro segundos a un indio. Lloyd (1893-1971) disfrutó tanto de la experiencia que decidió hacer del cine su profesión, aunque no le resultó fácil, ya que al principio ningún estudio le permitió la entrada a sus instalaciones, recordó Suzanne. Desesperado, Lloyd decidió entrar a hurtadillas en los Estudios Universal completamente maquillado durante el descanso de la comida. Una vez dentro, un director lo vio y pensó que era perfecto para el anuncio que estaba filmando, y ese fue el despegue de su carrera, que lo convertiría en uno de los mejores actores del cine mudo de la historia, junto con Buster Keaton (1895-1966) y Charles Chaplin (1889-1977). Lo más irónico, en opinión de la nieta, es que tuvo que maquillarse para poder entrar al estudio y no parecer un tipo normal, que fue el personaje que siempre interpretó, con unas gafas que se convirtieron en su sello distintivo y que paradójicamente nunca necesitó en la vida real. Con otro extra del estudio, Hal Roach (1892-1992), quien años más tarde se haría famoso como productor y director con "creaciones" como "Laurel & Hardy" o " La Pandilla", se asoció y consiguieron una cámara, un pequeño equipo, y sin más se lanzaron a las calles de Los Ángeles (California, EE.UU.) a rodar. "Eso los convirtió en los primeros en hacer películas independientes", sostuvo Suzanne. Roach y Lloyd fueron socios hasta 1923, justo después del rodaje de su mayor éxito "El hombre mosca". En 1919, durante la sesión fotográfica para la promoción de la película "Haunted Spooks", que rodaba por entonces, Lloyd debía encender un puro con una bomba de mentira, con tan mala suerte que resultó real, y en la explosión se quedó ciego, perdió dos dedos de una mano y se le desfiguró el rostro. Los médicos consideraron difícil su recuperación, recordó la nieta, pero él insistió en que si no podía seguir su carrera en el cine delante de las cámaras, lo haría detrás, como guionista, productor o director. Afortunadamente en seis meses sanaron sus heridas y recuperó la vista para, ayudado por un guante especial, continuar el rodaje exactamente en la misma escena en la que se quedó. Lloyd decidió crear su propio estudio de cine para realizar las películas "a su manera", haciendo no solo de intérprete, sino de productor y en ocasiones hasta de director, además de colaborar en la redacción de los guiones, "algo muy poco común en los actores de entonces", dijo Suzanne. En toda su carrera rodó más de doscientas películas, algunas de ellas sonoras. El propio Lloyd decidió guardar en su casa los negativos de sus filmes, pero un incendio de nitrato acabó con casi un centenar de ellas, de las que no existen más copias. Suzanne es ahora la que vela por el legado de su abuelo a través de la fundación "The Harold Lloyd Trust" y ha conseguido rescatar 85 películas, de las que diez se podrán ver en la Cineteca Nacional hasta el domingo 29.
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