03/07/2006
"`Anoche soñé que volvía a Manderley!", la famosa frase con que arranca "Rebeca" (1940), vuelve a escucharse más clara que nunca en los cines británicos gracias a la publicación de una nueva copia del gran clásico de Alfred Hitchcock (1899-1980).
Casi setenta años después del estreno de la legendaria película, la Filmoteca Nacional Británica divulgó este fin de semana en Londres una cinta que "reaviva" el filme. Según la Filmoteca, la nueva copia permite "una mejor apreciación de la fotografía de
George Barnes, la dirección artística de Lyle Wheeler, la música de
Franz Waxman y las excelentes actuaciones que ayudaron a Hitchcock a lograr su único Oscar a la mejor fotografía".
La flamante cinta, que hará una gira por cines de todo el país para disfrute de los cinéfilos, ofrece "una imagen más nítida", de modo que "la gente puede ver la película como la primera vez que se estrenó", comentó a EFE una portavoz de la Filmoteca. Basada en la novela homónima de Daphne Du Murier (1907-1989), "Rebeca" fue el primer filme del "mago del suspense" en Hollywood, adonde acudió contratado por David Oliver Selznick (1902-1965), el excéntrico productor de "
Lo que el viento se llevó" (1939).
La cinta, en la que Hitchcock conjuga con suma habilidad -como siempre- el drama romántico con el suspense, llegó a ser candidata a once Oscar de la Academia de Hollywood, si bien sólo ganó dos estatuillas (mejor película de 1940 y mejor fotografía). Durante 130 minutos de misterio e intriga, la película, narrada en forma de "flash-back", cuenta la historia de una joven tímida e ingenua (encarnada por una guapa
Joan Fontaine) que ejerce de dama de compañía de una rica norteamericana de viaje por Europa. En Montecarlo (Mónaco), la chica, cuyo nombre no se revela jamás, conoce a un viudo rico y aristócrata, Maxim de Winter (interpretado por un espléndido
Laurence Olivier).
Tras una rara y corta relación, de Winter pide a su amante que se case con él, ella acepta y ambos regresan a Manderley, la fantasmal mansión del esposo en Cornualles (suroeste de Inglaterra). Sin embargo, la nueva señora de Winter es acogida con frialdad por el ama de llaves, la señora Danvers (encarnada por una magistral
Judith Anderson), de presencia tan incómoda como espectral. El desafecto de la señora Danvers se debe a que aún está obsesivamente enamorada de la esposa muerta del aristócrata, Rebeca, una hermosa mujer que atrae sexualmente a hombres y féminas. Se trata de una clara referencia a la homosexualidad que Hitchcock logra "colar" con mucho tacto en la cinta, dado el estricto código moral que imperaba en Hollywood. Sacudida por los celos, la recién casada pronto se da cuenta de que la larga sombra de Rebeca sigue presente en la casa y en los pensamientos de su esposo, de cuyo cariño empieza a dudar.
El clímax de la película llega con motivo de una fiesta de disfraces, pues el ama de llaves intenta convencer a la muchacha para que luzca la misma indumentaria que vestía Rebeca antes de su muerte, idea que lógicamente horroriza a la señora de Winter. Es entonces cuando la señora Danvers arrincona a la joven ante una ventana abierta y, con una siniestra calma, le invita al suicidio con estas sobrecogedoras palabras: "¿Por qué no se tira? Nadie la quiere aquí. Él (el marido) no la quiere a usted. Nunca la quiso. El quiere estar otra vez solo en la casa, con ella (Rebeca)". De repente, esa misma noche descubren en la costa de Cornualles el cadáver de Rebeca y Maxim de Winter confiesa que, lejos de amar a su esposa, la odiaba tanto que decidió matarla, incapaz de aceptar sus amoríos y sospechando que estaba embarazada de otro hombre. Una investigación del suceso concluye que Rebeca realmente sufría un cáncer y pidió a su marido que acabara con su vida, de manera que de Winter queda exonerado y su segunda esposa emerge como la gran vencedora de su tortuoso duelo con la difunta.
Curiosamente, Rebeca es el personaje más poderoso de la trama pese a que no aparece nunca, de ahí, posiblemente, la fascinación que todavía ejerce la cinta del "mago del suspense". Como ha dicho la escritora británica Justine Picardie a propósito de la nueva copia del filme, "sería terrible ver a Rebeca en la película. A ella hay que dejarla a la imaginación de cada uno".
Pedro Alonso (Londres)