05/08/2006
El escritor peruano Mario Vargas Llosa confesó que su debut como actor en el LII Festival de Teatro Clásico de Mérida con "Odiseo y Penélope", una adaptación propia del poema homérico, "ciertamente ha sido un sueño hecho realidad, ya que la ficción ha sido mi vida y hacer teatro significa vivir la ficción, vivir el sueño".
"Odiseo y Penélope" es una obra única no sólo porque se trata de un espectáculo solamente concebido para el Festival de Mérida, sino porque ofrece la posibilidad de gozar de los primeros pasos como actor de un literato de tanto peso como es el suramericano Mario Vargas Llosa, quien asume el riesgo de entregarse a los designios del público "con una gran temeridad", según dijo entres risas. "Para mí es una tremenda novedad convertirme en un personaje de cuento o novela.
Es un sueño hecho realidad que coincide con la propia definición del teatro, concebida como un sueño que se encarna y se vuelve realidad en un espacio y durante un tiempo determinados, pero cuando finaliza ese tiempo y se abandona ese espacio vuelve a ser sueño", manifestó. "El público -continuó- también es el que marca realmente la diferencia, porque el escritor nunca tiene una idea anticipada de cuál será su reacción, sólo lo conoce por indicios indirectos, pero en el teatro la respuesta es inmediata, el público está ahí se establezca o no la comunicación con él".
El paso del carácter íntimo y personal que permite la escritura y posterior lectura al ámbito público que define al teatro es otra de las experiencias que definió como novedosa. Su astucia de autor curtido le han hecho elegir al personaje con más tradición de la historia de la literatura, "el personaje de personajes", para enfrentarse a las nuevas lides de la interpretación.
Según Vargas Llosa, Odiseo es "un héroe de acción e imaginación que refleja el personaje intrépido que todos tenemos guardado dentro, alguien que sueña con aventuras extraordinarias, con conocerlo todo, todos los lugares, todos los paisajes, vivir todas las experiencias, poseer una vida más rica. Odiseo posee un espíritu intrépido y aventurero que se refleja en en el carácter de "fantaseador" que define al escritor, a quien le gusta "la vida vivida, desde luego, pero también la vida soñada, al igual que a Odiseo, por eso ese personaje me resulta tan seductor, porque me siento muy cerca de él". No obstante, agregó que, "en mi caso empleo la literatura como creación para llenar ese vacío que existe entre lo vivido y lo soñado".
A pesar de que Vargas Llosa no había "contactado" con el poema homérico hasta ahora, se ha enamorado de la obra y está "fascinado" tanto por lo hechicero de las verdades que describe como por la actualidad que hay impregnada en él y la destreza con que está construida la historia, por "cómo los distintos puntos de vista van creando ambigüedad, misterios, suspense".
"Uno de los principales encantos del poema es que realmente no se sabe cuánto hay de cierto en lo que él cuenta, hasta qué punto la fantasía llegó a desnaturalizar las experiencias vividas o si simplemente coloreó de imaginación un fragmento de la realidad.
Es realmente fascinante", expuso entusiasmado.
Destacó también que las diferentes versiones a las que recurrió para realizar su particular propuesta están impregnadas de la cultura y de la lengua de cada sociedad, un aspecto que llamó su atención mientras analizaba la obra en diferentes idiomas.
Aunque mencionó constantemente el carácter de actualidad de "La Odisea", aseguró que "un Homero del siglo XXI no lo haría igual, pese a que no le faltarían aventuras igualmente horribles y hermosas, porque se trata de un poema que recoge muchísimos mitos e historias que vagabundeaban por las orillas y las islas del Mediterráneo trescientos años antes de su creación".
Cristaliza, dijo, una tradición muy rica de poesía oral y escrita, que desde su nacimiento se ha adoptado como la seña de identidad de la cultura occidental, de la que han bebido todos los escritores de la historia e "incluso, aquellos que no han leído ningunos de sus poemas son deudores de Homero". "El creó un tipo de sensibilidad para el mundo de la aventura, del héroe que rompe los límites y que se enfrenta a su propio destino para crearlo de nuevo, una temática que está vivísima en la literatura contemporánea, lo cual permite que ninguno de esos poemas se hayan quedado convertidos en textos arqueológicos".
Sobre su compañera de escenario, la española Aitana Sánchez Gijón, Vargas Llosa dijo que "ha sido muy importante para mí, porque ha sido una colaboradora extraordinaria no sólo por su talento como actriz, que ha permitido suplir mis deficiencias encima del escenario, sino porque tiene una gran formación y gusto literario. Es una mujer muy inteligente".