20/02/2007
Forest Whitaker está a las puertas del Oscar, parte como favorito por su encarnación del dictador ugandés Idi Amín en "El último rey de Escocia" que sembró el terror, la muerte y la tortura durante su mandato, en los años 70.
"Lo más difícil fue hacerle humano, buscar sus motivaciones", dice el actor. A sus 45 años y tras 25 en el mundo del cine, Whitaker, uno de los intérpretes más reconocidos en EEUU, llegó a Madrid para presentar "El último rey de Escocia", que se estrena el viernes, procedente de Uganda, donde asistió al estreno del filme, acompañado del presidente de la República, Yoweri Museveni, y viendo como él público recibía con calor la biografía del cruel dictador.
Withaker, nacido en Texas, pero residente en Los Ángeles desde niño, debutó en el cine en 1982 y a su carrera de actor, sumó, en los 90 la de director y productor. La mimetización del actor afroamericano con Idi Amín es el fruto de cientos de horas viendo vídeos del dictador, y de una estancia previa en Uganda para "entender ¿cómo ser un africano?", algo que hizo, confiesa, "haciendo su vida cotidiana", y persiguiendo entre aquellos que le conocieron, las huellas del dictador. "Hablé con muchísima gente, que lo conoció de crío, al crecer...Sabía que, en un hombre como él, tan oscuro, había que buscar en sus primeros tiempos, cuando era una persona con luz, para comprender sus motivaciones y poder retratarlo como un ser humano", cuenta Whitaker quien, antes del rodaje del filme, dirigido por
Kevin McDonald y basado en la novela del periodista Giles Foden, "apenas sabía que Amín era un dictador que había cometido muchas atrocidades".
"Después, al ir estudiándolo, mis conocimientos crecieron un millón de veces", añade Whitaker, quien define sus 25 años de carrera como "un viaje maravilloso que me ha llevado a trabajar con grandes directores y encarnar papales interesantes sin repetirme, sin encasillarme". De hecho, se ha puesto a las órdenes de cineastas del calibre de
Clint Eastwood -por cuya encarnación de Charlie Parker en "
Bird" logró el premio de Interpretación del Festival de Cannes-; Jim Jarmusch,
Neil Jordan,
Abel Ferrara,
Joel Schumacher, o
David Fincher.
Encarnar a un personaje real, como hizo con Charlie Parker y ahora con Amín supone: "La responsabilidad añadida de realizar un retrato honesto de una persona, que afectará a sus conocidos. Y, en este caso, a todo un país". Por eso, ahora, su mayor preocupación fue, dice, "lograr el equilibrio entre el ser humano y la imagen de mito legendario que aún conserva Amín. Tenía que ser honesto y captar su espíritu, permitiendo que siga viva esa imagen de leyenda". Whitaker, quien afirmó en su día, que tuvo que encontrar "áreas de paranoia, miedo e ira" para dar vida a este personaje cargado de ambivalencia, dotado de un gran carisma y un carácter jovial que se transmutaba en terrorífico tirano.
"El último rey de Escocia" hace hincapié en esa dualidad, al acercarse a su mandato desde la ficticia amistad entre el dictador y un joven médico inglés que, primero, se rinde a su admiración, para descubrir, finalmente, el terror que Amín había sembrado, con más de 400.000 víctimas, masacres, torturas y rumores de canibalismo.
A la hora de elegir un proyecto, Forest Whitaker se decanta, en primer lugar, por el personaje: "Porque -dice- tengo que vivir con él durante un tiempo y debe ayudarme a crecer como actor y por tanto, ser un desafío. Luego, tengo en cuenta con quien trabajo. Pero, mis elecciones siempre son instintivas, me salen desde dentro". No ha descartado nunca la televisión y, últimamente ha sido un atormentado policía en la serie "The Shield": "Fue como ir cada semana a rodar un filme independiente. Quería ponerme a prueba, porque yo, que trabajo tanto mis personajes, buscaba descubrir cómo te sale el instinto al rodar tan rápido".
Tras ganar el Globo de Oro, y numerosos premios que le acreditan como favorito para el Oscar, Whitaker, que se alegra de tener tan buenos rivales y, además, "en películas que aportan algo, comprometidas", cuenta que "todavía" no lo ha "asimilado: "Hasta después de esa noche, no voy a sentir lo que significa", dice. para luego añadir: "El Oscar supondría dar más perfil a mi trabajo y tener más ojos observando. Pero -puntualiza- no cambiaría mis elecciones profesionales".
Mercedes Cerviño, Madrid