22/05/2006
El joven director argentino Damián Szifron se confirma como un realizador puntero con su película "Tiempo de valientes", una comedia agridulce que recupera todos sus mitos cinéfilos de la infancia.Tras realizar la cinta "El fondo del mar", la serie de televisión "Los simuladores" y diversos cortometrajes, el joven director argentino Damián Szifron presenta en España "Tiempo de valientes", la historia de un psicoanalista (interpretado por Diego Peretti) que se ve involucrado en un accidente de tráfico. Para evitar males mayores, opta ante el juez por una "probation", condena consistente en realizar tareas sociales. Le tocará atender como psicólogo a un inspector de policía (Luis Luque) amargado por las infidelidades de su mujer.Szifron recupera los recuerdos que el cine imprimió en su infancia para intentar comprender por qué ha llegado a realizar esta película. "Nací en 1975 -comenta el director argentino- y fui chico en la década del 80. Desde los tres años mi papá, un vendedor de materiales eléctricos y cinéfilo de barrio, me llevó a ver dos o tres películas por semana. Eran los primeros años del video (recuerdo estar con fiebre y que él llegara con bolsas de quince o veinte películas) y los últimos del Súper 8 (esperaba con ansiedad la proyección de los 17 minutos de "escenas escogidas" de "Superman" y "La Guerra de las Galaxias" cada fin de semana). Rogaba que lloviera y que se suspendiese el deporte de turno para que me llevaran al cine, y todo lo relativo al universo de las películas me cautivaba. Ya caminar por la calle Lavalle, sencillamente mirando los afiches de los futuros estrenos, era un mejor programa que visitar un parque de diversiones o salón de videojuegos. El cine fue una parte fundamental en mi educación y se convirtió en la lente a través de la que veo, sueño, imagino y recuerdo las cosas".Pero el niño fue creciendo y Damián Szifron se dió cuenta de que el amor que sentía por cine se confirmaba año tras año. En sus recuerdos de juventud también hay películas y directores preferidos. Szifron comenta que "en aquellos años el cine para mí era más bien el cine americano de aquella década y las dos décadas anteriores: Coppola, Spielberg, Friedkin, De Palma, Scorsese, Cameron y Carpenter. Woody Allen, Hitchcock y Leone. Pero también estaban las de James Bond, las buddy movies de Bud Spencer y Terence Hill, o Franco Nero arrastrando su ataúd en "Django". Circulaban esos nombres tan agradables de pronunciar, como Sam Peckinpah, Ernest Borgnine, Lee Marvin o Steve McQueen, y mi origen hebreo me llevaba a tener héroes de lo más disímiles: por un lado estaba Harry, "el Sucio" y por el otro Tevye, "el Lechero", interpretado por Topol en la versión de Norman Jewison de "El violinista en el tejado". Recuerdo la excitación al ver en el diario cualquier afiche dibujado por (o con el estilo de) Drew Struzan o la alegría de leer que en los créditos figuraban John Williams, Ennio Morricone, o Carlo Rambaldi en el diseño de las criaturas. Con el correr del tiempo crecí, viajé, leí, estudié cine, y el contacto con otros compañeros y profesores me llevó a conocer y disfrutar también de otras cinematografías. Sin embargo sigo teniendo una particular devoción por aquellas películas que, aun cuando reflejan las ideas, las opiniones o la visión del mundo de sus directores, lo hacen siempre a través del espectáculo".Cuando está a punto de estrenarse su última película, Damián Szifron especula sobre el origen de esta cinta: "Ahora que la película está terminada, noto que lo que naturalmente surgió de mí fue trabajar sobre la línea que separa ese mundo real -aquel del trabajo, la pareja, las cuestiones del país en que uno vive, o los demás aspectos de la vida adulta- del universo del cine. Noto que, aun sin proponérmelo, me ocupé de volver esa línea más difusa, por un lado para cruzar el umbral de la vida doméstica y, de la mano de personajes más bien cercanos (de esos que uno podría llegar a ser o conocer) visitar aquellos escenarios de grandes aventuras propios de las películas que tanto me cautivaron de chico, y que quedaron irreversiblemente asociadas a distintos episodios de mi infancia. Y por otro, para explorar el procedimiento inverso, el de introducir en la vida adulta y cotidiana elementos que suelen ser más frecuentes en aquel cine, y no me refiero sólo a determinados ingredientes fantásticos o a las secuencias de acción, sino a valores tan sencillos como la honestidad, la valentía, y el sentido común".