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Angelina Jolie
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A pesar de que Angelina Jolie defendió el francés como lengua para ella y sus hijos, durante su paso estelar por Cannes, el inglés se impone en el Festival mientras la lengua de Molière languidece y el español desaparece.
Los vendedores de paraguas hacen su agosto en un Cannes pasado hoy por agua, pero no llueve a favor de los traductores en esta ciudad, en la que cada vez domina más el inglés en todo tipo de encuentros, salvo en los que organiza la sección oficial del Festival, que alberga entre sus objetivos la defensa de la diversidad cultural, es decir, va contra la uniformización y el pensamiento único. Así, el inglés reina hasta tal punto de que en los restaurantes de los grandes hoteles, por ejemplo, los camareros, sin que directiva alguna les obligue, espontáneamente se dirigen al comensal en inglés y le preguntan, por ejemplo, "¿Quiere usted agua o vino?". El Festival no escapa a la tendencia globalizadora, como quedó ya claro este año desde su inicio, con "Blindness", el filme brasileño de apertura que Fernando Meirelles rodó en inglés. Lógico, pues en su coproducción participó Estados Unidos y no hay que olvidar que el cine es la primera industria exportadora de EEUU y por este comprensible motivo actores y directores europeos y latinoamericanos confían sus filmes y su talento a agentes y/o productores anglófonos. La lista de obras en lengua inglesa es interminable, pero que el público hispanohablante esté tranquilo, al menos por el momento. Las costosas campañas de promoción puestas en marcha en éste y otros festivales internacionales son a menudo ya sólo en inglés, aunque los subtítulos siguen prodigándose en las pantallas. Otro buen síntoma es que las ruedas de prensa oficiales de la muestra mantienen impertérritas su traducción simultánea al francés y al inglés, y cuando los actores o directores de las películas seleccionadas hablan en otros idiomas sus productores suelen salvar este problema para los periodistas. Éste será el caso mañana en la rueda de prensa de la película en competición por la Palma de Oro "Linha de Passe", de Walter Salles y Daniela Thomas, que tendrá su versión simultánea en portugués. Algo más que un detalle o un lujo innecesario, viniendo del director de "Diarios de motocicleta", el de no rendirse por completo a la globalización, aunque, por supuesto, todo tiene un coste. Y como ya se sabe, el tiempo es oro y en Cannes como en ningún otro lugar, donde durante doce días -del 14 al 25 de mayo este año- sus numerosas secciones oficiales -las dos paralelas- y el mercado, con sus innumerables pabellones y apartados, acogen un inusitado número de profesionales de los cinco continentes. En esta inmensa Torre de Babel de Cannes, el idioma del país receptor, el francés, se esfuma y los demás apenas se escuchan, como su cine, debido a la omnipresencia anglófona. Así, cuando Woody Allen recibe a la prensa española para hablar de "Vicky Cristina Barcelona", considerada por algunos profesionales como la película "más española" de Cannes en 2008 -donde sólo se estrenará una de España, "El cant dels ocells", de Albert Serra-, lo hace en inglés, por supuesto sin traductor. Poco importa que la lengua de Cervantes y la de Molière queden fuera de juego o que los periodistas españoles protesten. Pero, con la presencia de Woody Allen en el Festival el argumento es irrefutable: "Éste es un festival internacional", y como "el realizador tiene muy poco tiempo, se perdería la mitad en traducir lo que dice". Inmejorable ilustración de por qué la UNESCO o Angelina Jolie dedican esfuerzos a proteger la diversidad idiomática del planeta. El problema es que los negocios son los negocios, y además de impulsar el mejor y más sublime séptimo arte, e intentar hacerle llegar al mayor número de espectadores, o precisamente por ello, Cannes -a riesgo de que el pez se muerda la cola- tiene también que servir para venderlo lo mejor posible. Eso es lo que hacen hoy las decenas de ciudadanos africanos, inmigrantes, que de repente surgieron de ninguna parte y llenaron el paseo marítimo de La Croisette cargados de paraguas. El precio de salida del paraguas es de diez euros, pero a la mínima se queda en cinco. ¡Si Sarkozy se entera! María Luisa Gaspar Cannes (EFE).
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