07/04/2006
Se dice de ella que es de una de las películas más bestias que se han hecho nuca. Así la vendieron sus responsables en diversos festivales de Cine de Terror, Sitges incluido.
El director es Eli Roth, que en 2002 dio una grata sorpresa a los aficionados con Cabin Fever. Era como Posesión infernal. Un grupo de jóvenes aislados en el campo van muriendo uno a uno, pero con una original variación. En lugar de un psicópata o unos zombies, el asesino era un virus altamente infeccioso que se comía la piel. El éxito de esta película, con la que te lo pasas bomba, dio a conocer a su creador y le colgó etiquetas como El nuevo Sam Raimi o John Carpenter. Llamó la atención del mismísimo Quentin Tarantino, director de culto con legiones de seguidores dispuestos a pagar por ver todo lo que lleve su nombre. Nació entre ellos una amistad que llevó a Tarantino a producirle esta película. Esto quiere decir que Tarantino puso su nombre para asegurar el éxito de la película y ganar él mismo un buen pellizco sin hacer prácticamente nada.
Hosteles sin duda una ecuación matemática para triunfar entre los adolescentes de medio mundo. Si pensamos un poco sobre qué tipo de cine es el que más triunfa dentro de este sector del público, llegaríamos a una conclusión: sexo y sangre. Y es que esta película es casi tres en una.
Al principio, presenciamos las peripecias de tres jóvenes norteamericanos a la busca y captura de las chicas más facilonas de toda Europa, con la indispensable parada en los coffee shops y en las cabinas del barrio rojo de Amsterdam. Esta es sin duda la parte más floja de la película, ya que no ocurre casi nada y resulta muy repetitiva, pero contiene algo más de sexo que lo habitual en este tipo de cine.
Tras esta nueva vuelta de tuerca de American Pie, que era otra vuelta de tuerca de Porky´s, llegamos al meollo del asunto. Nuestros protagonistas viajan a Eslovaquia, lugar en el que según han oído, existe un hostal que no es sino un harén, donde las chicas son preciosas y aún más fáciles que los chicos (deberían haberse olido algo malo, ya que éso no pasa ni en el cine). El hostal es en realidad una tapadera de un peculiar negocio. Los huéspedes son secuestrados para que sean torturados y asesinados por ricachones aburridos dispuestos a pagar una fortuna por sus presas. Esta parte contiene desmembramientos, vísceras, sangre, gritos con todo lujo de detalles y con escenas bastante conseguidas. Pero algo falla. A pesar de la brutalidad de las escenas, no es tanto como se había dicho. Quizá la desmedida exageración de sus responsables, con Tarantino a la cabeza, que prometieron una película en la que los espectadores que no se fueran del cine horrorizados por lo que estaban viendo se desmayarían, sea la causa de la decepción.
Tras esta media hora de gore, llega el desenlace a lo Charles Bronson. Como si se tratara de Yo soy la justica XI, cuando el protagonista consigue escapar, decide vengarse de todos los que han tenido algo que ver con homenaje-imitación, (úsese cualquiera de las dos palabras) a Pulp Fiction incluido (el atropello con el coche). Esta es la parte que mejor funciona.
No se debe pedir a una película como ésta que sea una obra maestra que cambie el género, pero sí cabía esperar algo más de la unión entre Tarantino y Roth. En resumen, una película de terror del montón que gustará a los fans del género pero que deja un cierto sabor a decepción.