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Con su película "Caché", el director Michael Haneke remueve las conciencias de los espectadores y habla del sentido de culpabilidad que agarrota a sus protagonistas. Es el cine comprometido al que nos tiene acostumbrado este realizador austríaco.
El film "Caché" está siendo un éxito rotundo en la mayoría de países donde se ha estrenado (en España lo hará el 20 de enero). Además, ganó recientemente el Premio a la Mejor Película Europea 2005 otorgado por la Academia Europea de Cine. Con todo ello, el director austríaco Michael Haneke no desvía ni un ápice su discurso combativo que busca abrir los ojos a las personas que viven cómodamente en el llamado "primer mundo". En su cinta "Caché", donde cuenta con la interpretación de Juliette Binoche y Daniel Auteuil, nos muestra a una pareja y su hijo que viven plácidamente en París hasta que comienzan a recibir unas cintas de vídeo donde se les ve a ellos en su vida cotidiana. El miedo comienza a tomar forma y las dudas y el pasado empiezan a asaltar las conciencias de los componentes de esta familia.Se podría decir que, precisamente, la mala conciencia es la dominante en el argumento de "Caché". En este punto, Haneke opina que "la mala conciencia es algo de plena actualidad por la omnipresencia del dolor mundial en los medios de comunicación. Antes de la era audiovisual, el mundo no estaba mejor que ahora, pero se sabía menos. Hoy en día, lo vemos permanentemente. Los países ricos que disfrutan de paz sólo tienen en sus pantallas imágenes terribles, violentas, desesperadas, y eso hace aumentar nuestro sentimiento de culpa. Pero es una cuestión compleja porque los medios de comunicación falsean a menudo la realidad. Escogen a propósito las imágenes más espectaculares, las más impactantes. Cuando se trata de imágenes rodadas en ambientes que nos son familiares, no tienen nada que ver con la realidad que conocemos. Es una realidad manipulada. La culpabilidad es un invento judeocristiano y estamos sumergidos en esta cultura. No puedo ver el mundo bajo otro prisma. Pero la culpabilidad también es un problema filosófico, y no pretendo resolverlo, sólo hablo de ese problema. Al hacer la pregunta: ¿Cómo vivimos sabiendo que a lo lejos, y no tan lejos, nos rodea la pobreza? Sabemos que pertenecemos a la parte del mundo que se asienta en los hombros del otro y lo explota. Ante eso, se puede reaccionar de diversas maneras. El comportamiento del personaje interpretado por Daniel Auteuil, cuando se toma dos pastillas para dormir, es más o menos el de la mayoría de nosotros frente a la mala conciencia que sentimos por el resto del mundo. Cada uno escoge qué pastilla tomar. Algunos dan dinero a organizaciones caritativas. Pero en cuanto se habla de algo concreto, el número de personas se reduce radicalmente".Así de demoledor y contundente suelen ser las declaraciones de este director comprometido con su mundo y con su tiempo. Michael Haneke comenta que "mientras preparaba la película, vi un documental sobre la guerra de Argelia. Me sorprendió mucho que ese tema llevase cuarenta años enterrado. Está claro que cada país tiene manchas oscuras, periodos de la historia en los que la culpabilidad individual entra en consonancia con la culpabilidad colectiva. En Austria también intentaba hablar de cosas que habían ocultado debajo de la alfombra. Habría podido rodar "Caché" en Viena, bastaba con cambiar los años sesenta por los cuarenta".Frente a esta panorama, Michael Haneke tiene muy claro cuál es el papel que debe tener el cine en la sociedad en la que vivimos."El cine es el arte de la manipulación -afirma el director-; no hay que olvidarlo nunca cuando se hace cine ni cuando se ven películas. No me refiero sólo a las películas de propaganda del III Reich ni a las películas hollywoodienses actuales. Siempre he querido que las mías sugieran una duda en cuanto a la realidad que muestran en la pantalla. Es para alertar el espectador, para despertar su vigilancia. También es posible, gracias al poder del cine, luchar contra las imágenes que, hoy en día, quieren hacer de la brutalidad un producto consumible. Para mí, "Saló o los 120 días de Sodoma", de Pasolini, tuvo ese papel. Me chocó tanto que me sentí mal durante mucho tiempo. Es una de las pocas películas de la historia del cine que te hace entender lo que significa la violencia. Habría que volver a hacer un "Saló" de vez en cuando".
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