05/11/2009
Cuando era niño, Kurt Savoy acudió a la radio con una canción de Elvis Presley y una guitarra para ganar cien pesetas y un bote de Cola Cao, una vez en escena prescindió de las cuerdas del instrumento para lanzar un silbido que, años después, personalizaría las bandas sonoras del "western".
El cantautor conocido como "el rey del silbido" y su guitarra han amenizado hoy en León la presentación de "Silbidos de gloria", el libro sobre su vida, escrito por Miguel Adrober, cuyo estrellato arrancó ese día en el que su sonido salió a la luz y le lanzó, con tan sólo doce años, a personalizar el anuncio de la presencia en escena del pistolero "
sin nombre" (
Clint Eastwood).
Y es que se quedarían cojas las películas del oeste sin unos silbidos llenos de matices que introducían tensión en la cinta y que Kurt Savoy interpreta siempre con una sonrisa en la cara. Su interpretación es de aquellos talentos de ver para creer, ya que su sonrisa camufla un sonido con una increíble melodía que emite sin inmutarse ni apenas mover su boca, como si de un ventrílocuo se tratase.
"Silbidos de gloria" repasa la difícil e intensa vida de Kurt Savoy desde sus comienzos, cuando ganó cien pesetas y un bote de Cola Cao con sus silbidos en el concurso de radio, hasta su popularidad gracias a la televisión francesa o su firma en la música de famosas campañas publicitarias.
Así, narra también la etapa en la que pasó duros aprietos económicos para sacar a su familia adelante en la que buscándose la vida se convirtió en toda una estrella con su voz como protagonista de muchos de los mejores "western" de la historia.
Una vida llena de anécdotas y esfuerzo por llegar a aprender la disciplina musical, que complementará su talento y excelente oído, una tarea que durante años le mantuvo concentrado, tanto que repasando un examen llegó incluso a olvidar a su mujer en una gasolinera.
Tras el "western" ningún género musical se ha resistido a los silbidos de Kurt Savoy, que es capaz de interpretar folk, jazz o country y hasta arrancarse por bulerías como buen andaluz. Todos estos géneros musicales residen ya en el repertorio de un artista con mirada inocente, como si aún fuera aquel niño de doce años que, de la noche a la mañana, se convirtió en el encargado de preparar y prevenir al público del momento cumbre de un filme wester.
María Gajate (EFE).