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Rocío Jurado ha sido la "más grande" de la canción española y de la copla, tenía un torrente de voz que la hacía también "grande" del cante y ha sido "la mejor vestida" y una "gran dama" del corazón, desde que contrajo matrimonio con el boxeador Pedro Carrasco y más tarde con el torero Ortega Cano. A "la chipionera" no le gustaba la fama, incluso recientemente declaró que pagaría tanto como había ganado por dejar de ser tan famosa. Quizá porque nunca le pareció bien que su hija Rocío, fruto de su matrimonio con el púgil onubense, fuera objeto de interés de la prensa de papel cuché desde su nacimiento. Aunque la niña, ya de mayor, contribuyera a ello; y a todo esto hubiera que añadir el matrimonio del ex boxeador con la peluquera Raquel Mosquera y la atracción que ambos sentían por las portadas de la prensa del corazón y las cámaras de televisión. Lo cierto es que la propia Rocío echó leña al fuego casándose en 1995 con José Ortega Cano, haciendo así realidad el mito de la folclórica y el torero, con quien adoptó en 1999 a dos niños colombianos, José Fernando y Gloria Camila. Pero Rocío Jurado nunca ha tenido la necesidad de airear su vida privada -incluso ha comentado que "sería horrible que toda la vida de uno estuviera expuesta a todas horas"- porque desde muy jovencita, en la localidad gaditana de Chipiona en donde naciera un 18 de septiembre de 1944, ya despuntaba como una gran cantante y fue su temperamento y su capacidad para crecerse ante las adversidades la que la llevó a convertirse en artista de la canción y el cante. "Siempre quise ser cantante, desde los tres años, y en cuanto se juntaba más de tres en mi casa, yo me ponía a cantar", ha comentado en más de una ocasión. Rocío siempre ha recordado, con gratitud, como fue Pastora Imperio quien le dio la oportunidad de actuar por primera vez en Madrid a principios de los 60 en el "El duende", en donde Dalí la dibujó en una servilleta, y, con cariño, su primera gran ovación en el Teatro de la Zarzuela en 1967 cantando coplas de Quiroga y Quitero. También quiso olvidar el desplante que su admirada Concha Piquer le propinó cuando se conocieron y Rocío le cantó dos temas de la tonadillera. La, por entonces, reina de la copla le espetó: "Tu vas a llegar muy lejos con esa linda cara dura que tienes", por considerar una desfachatez atreverse a cantarle canciones suyas, siendo todavía una desconocida. Su gran éxito llegó de la mano de Manuel Alejandro, con quien grabaría canciones como "Paloma brava", "Como una ola", "Si amanece" o "Como yo te amo". "Me ha hecho temas históricos", comentaba la cantante. También escribieron para ella José Luis Perales, Juan Pardo, Bebu Silvetti, Franco de Vita, Paco Cepero o Rafael de León, quien decía de Rocío que "cantaba desde el dedo gordo del pie hasta la última punta del pelo". Pasó por los grandes escenarios del mundo, desde el Teatro Real al Madison Square Garden. De su primer paso Nueva York contaba: "cuando se pusieron los 22.000 espectadores en pie, miré para atrás a ver a quien aplaudían y no había nadie más". Su poderío escénico -para sus compañeras de profesión era "la mejor vestida"- y sus maneras de estar frente al público, la convirtieron también en una de las grandes divas de la escena nacional y en uno de los personajes de la farándula más imitados por humoristas, travestis y por todo aquel que se preciase de manejar bien la bata de cola o el mantón en las tablas. Ella misma ha declarado al respecto, desde la admiración y a la vez la crítica que "se han hecho muchas parodias, sobre todo los travestis, y tienen su arte. Algunas las han hecho delante de mí y las he aplaudido; otras han robado mi imagen y abusado de mi personaje, que tantos años de sufrimiento y trabajo me ha costado". Su paso por el cine no fue tan fructífero, pero rodó filmes escritos para la estrella como "Los guerrilleros" (1963), "En Andalucía nació el amor" (1966), la polémica "La querida" (1976), en la que por primera se lucía al desnudo, y "La Lola se va a los puertos" (1993). Trasgresora y libre, en unos años en los que serlo no estaba muy bien visto; mujer temperamental, admirada por hombres, mujeres e icono gay hispano por excelencia; religiosa, devota de la Virgen de Regla y cabeza protectora de una gran familia. Esta mujer, luchadora con uñas y dientes, perdió su última gran batalla, la que libró contra el cáncer, al que ella hizo frente públicamente y sin tabúes desde el 17 de septiembre de 2004. "Rocío de luna blanca, Rocío de noches negras, Rocío desde la cuna y marinera", escribió José Luis Perales para ella, y José Luis Armenteros compuso pensando en la chipionera: "Como una ola, tu amor llegó a mi vida; como una ola, de fuerza desmedida. Sentí en mis labios, tus labios de amapola, como una ola..."
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