Y para los cinéfilos...
Woody Allen regresa a Nueva York con una comedia moderna acerca de un misántropo interpretado por Larry David. A este personaje se le suma una ingenua e impresionable joven del sur que se va de casa. Sus estrictos padres deciden ir a buscarla y surgen así todo tipo de situaciones confusas pero muy románticas. Este el exquisito enredo al que nos tiene acostumbrados Woody Allen, que vuelve a grabar en una de sus ciudades favoritas. De nuevo, el peso de la película vuelve a recaer en un personaje uraño, antisocial y antipático y, que sin embargo, nos acaba resultando interesante y agradable. Como antítesis de este personaje, Woody Allen coloca a Melody, a quien da vida Evan Rachel Woods, una chica deliciosamente inocente, inculta y por momentos irritante. Los diálogos divertidos entre ambos y el resto de los personajes están servidos. Después de una sucesión de escena surrealistas, en las que las parejas de esta historia se deshacen y se realinean de otra manera para satisfacer sus necesidades, se llega a la conclusión de que no existen reglas en el amor y de que todos debemos aprender a ser flexibles y realistas. Aunque la relación parezca común, lo importante es que la cosa funcione y que nos haga felices. Una producción sin fallos en la que Allen nos recuerda el porqué de su éxito hace unas décadas. Imperdible.