Autor crítica:
FEDERICO MARÍN BELLÓN
Puede que, después de todo, sea posible comentar esta rareza española sin incurrir en comparaciones insidiosas ni considerar siquiera dónde escribe este o qué lee aquel, aunque a estas alturas el menos enterado se habrá formado su propio prejuicio. Sin la aureola de otros que no "perdieron el tiempo" escribiendo para terceros (¿y qué otra cosa es el cine aparte de trabajar para otros?), cuando Agustín Díaz Yanes consiguió que todos hablaran de él sin haber muerto era demasiado mayor para volverse idiota. En "Alatriste" se encomienda a su sabiduría y a la de su fantástico equipo, separa la yema de la letra, derrama toda la sangre que es preciso y entra a matar sin artificios. Sus batallas son sucias como sucia es la guerra y, a falta de unas buenas botas, en ellas se muere con la honra puesta.
Pero aunque parezca mentira, le faltan minutos y le falta dinero a este capitán de nuestro cine, poca cosa comparado con una superproducción de verdad, si bien "Alatriste" tiene algo de lo que carecía la cinematografía hispana, más allá de horas y puñados de dólares. El héroe canalla que levanta Viggo Mortensen, capaz de lo mejor y de lo atroz, es la respuesta al cowboy de leyenda, al vaquero de los horizontes de grandeza y las raíces profundas. Porque la cinta estará pintada con la paleta de Velázquez, pero Alatriste, además de pistolero-torero, añade a la imaginería alimentada por el western ese fatalismo tan español y, ay, tan cainita y tan necio.
El capitán que construye Mortensen con su acento de ningún sitio y su orgullo de mercenario altruista, el falso oficial que Pérez-Reverte mandó a surcar los siglos y en cuya nave Díaz Yanes se ha dejado hasta el sentido, es un arquetipo con tanta raigambre entre nosotros que, de tan cercano, habíamos olvidado llevárnoslo de viaje, siempre pendientes de que inventen ellos. Alatriste abarca la mayor de nuestras contradicciones sin revisionismos oportunistas ni paralelismos para lelos, sin cerrar heridas, pero sobre todo sin abrirlas. Claro que tiene agujeros negros y algún descosido hasta en su impresionante elenco, es cierto que a sus páginas les duele la ausencia de personajes enteros, pero da gusto ver esta película con aires de ultramar y, pese a todo, española por los costados y las costuras.
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