Autor crítica:
FEDERICO MARÍN BELLÓN
Un embaucador argentino que pone "el contador a cero" cada mañana y una española que sólo guarda en la nevera dos divorcios, un hijo resentido y una botella de vino acaban unidos como dos piezas de puzle desgastadas: no encajan a la perfección, pero se adaptan. Ambos se cuelan en el tren con el mismo entusiasmo asustado, sin atreverse a abrir la maleta delante del otro. Rafa Russo descubre en estos personajes la oportunidad de contar muchas cosas con sencillez y buen gusto. Su guión no sólo está bien escrito y huye de la grandilocuencia, sino que además encuentra el modo de rematarlo lejos del tópico. Desde "Lluvia en los zapatos" y "Aunque tú no lo sepas", Russo ha demostrado que lo que sale de su teclado puede compaginar literatura y autenticidad. En su puesta de largo como director, no estropea algo tan trabajoso e inusual como un texto con alma y en la dirección de actores no pierde la cabeza.
Disfrutando a Ana Fernández, uno no sabe si celebrar o lamentar su tardío descubrimiento, mientras que Manuel Morón es siempre una garantía. A Gustavo Garzón le toca cubrir el flanco más peligroso, el menos cercano al espectador y el más complejo. El porteño pierde alguna batalla en la colina de la empatía, pero gana la guerra.
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