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Andy (Philip Seymour Hoffman) y Hank (Ethan Hawke) son dos hermanos atrapados en una vida que para nada se parece a la que habían planeado. El primero se enfrenta a una difícil situación matrimonial de la que espera salir airoso comenzando desde cero en Brasil, mientras que el segundo, separado y con una hija de por medio, se ve cada vez más agobiado para llegar a fin de mes. Andy, frío, calculador y con dotes de liderazgo, terminará engatusando a su hermano pequeño Hank, inseguro y abocado al fracaso, para llevar a cabo un plan supuestamente perfecto con el que remediar su falta de liquidez: atracar la joyería de sus padres. Sin tiros, sin pistolas, con una pérdida que cubrirá el seguro y de la que todos saldrán beneficiados. Lo que comienza como un golpe infalible se irá complicando hasta límites insospechados, salpicando no solo a los dos implicados, sino a todo su entorno, tanto familiar como laboral.
Sidney Lumet (Tarde de Perros, Veredicto final, Serpico, Declaradme culpable) presenta este thriller psicológico en el que, a pesar de las desairadas circunstancias iniciales, pronto se intuye que los personajes están condenados a un poco envidiable futuro, por lo que cualquier intento por arreglar las cosas no hará sino empeorarlas aún más. El desorden cronológico de las escenas y los diferentes puntos de vista que se van dando contribuyen a atrapar al espectador en una trama asfixiante, plagada de traiciones, engaños y desplantes familiares, puesta en escena por un reparto de lujo que se cierra en torno a Marisa Tomei y Albert Finney. Los acérrimos a pasar un mal rato (y no terrorífico, precisamente) disfrutarán con este film que, lejos de dejar buen sabor de boca, hará desear al respetable que se apresure el final, no por su calidad, sino por ver terminar tal cúmulo de sufrimiento.
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