Autor crítica:
FEDERICO MARÍN BELLÓN
Como suele decirse, los rumores sobre la muerte del western eran exagerados. Ed Harris, el mejor actor calvo después de Yul Brynner y la rana Gustavo, ha necesitado años de brega para sacar adelante su proyecto y demostrar, de paso, que la flauta de "Pollock" no sonó por casualidad. Era difícil encontrar una segunda película tan distinta y a la vez consecuente. El arranque es de manual. Primera escena: un tiroteo. Segunda escena: otro tiroteo. Después de un nuevo enfrentamiento sin adornos ni ralentís, Viggo Mortensen comenta: "Ha sido rápido". "Sí, todos sabíamos disparar", explica (y se explica) Harris, quien además se distancia de los fuegos de artificio de algunos clásicos.
Pero "Appaloosa" no es una historia de violencia -esa la dirigió Cronenberg-, sino sobre la amistad. Ed Harris pone el acento en la relación entre los dos compañeros de mil fatigas que llegan a un pueblo sin ley e imponen la suya. Por supuesto, no faltan las lecturas sobre la relación entre la seguridad y las libertades civiles, pero quien busque una respuesta política sólo la encontrará si se empeña en corroborar lo que ya piensa. Parafraseando a Wilder, si Harris quería enviar un mensaje, lo dejó en la oficina del telegrafista. La película se limita a cabalgar y a narrar, sin galopar ni en los duelos, de un aire revisionista, por cierto.
El primer acierto son sus personajes. Es fantástico el retrato del alguacil, un hombre iletrado, el mejor en su oficio y el más torpe cerca de una mujer, incluso si ésta no es Renée Zellweger (el lunar, quizá, de la cinta). No menos digno de ingresar en la leyenda es el Everett Hitch al que da vida Viggo Mortensen, ayudante tan leal y culto como parco en palabras, aunque las conozca mucho mejor que su jefe. Destacable es asimismo el buen ojo de Ariadna Gil, que aquí se cuela entre los grandes en el año de su resurrección.
"El tren de las 3:10" fue recibido hace unas semanas con excelentes críticas, pese a su inverosímil final, su afán excesivo por la espectacularidad y los cabos sueltos que abandonaba el guión. No es fácil que "Appaloosa" reciba el mismo trato. Ed y Viggo no son peores que Bale y Crowe, pero sí menos palomiteros (en el doble sentido del maíz tostado y de los adornos de los malos porteros de fútbol). Algo parecido le ocurre a esta cinta sobria, recia y nada pretenciosa, para ver en buena compañía, si pueden. No descarten que cuando el tren de James Mangold sea recordado como un atractivo remake mal rematado, "Appaloosa" figure como el mejor disparo del género desde "Sin perdón".
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