Autor crítica:
E. RODRIGUEZ MARCHANTE
El cine que hace el portugués Manoel de Oliveira no pertenece a un género ni tiene clasificación. Y esta película es, esencialmente, del género inclasificable. Digamos que es un divertimento, un pequeño juego filosófico y cinéfilo alrededor de Buñuel y "Belle de jour". La obra afinada busca con el tiempo un segundo aire, otra postura, una reinvención o hasta un nuevo "acabado". Y el surrealista Oliveira (casi cien años, ¿acaso no es un sueño digno de cualquier artista obrar hasta esas edades?) propone el aire, la postura y el "acabado" a aquella historia cristalinamente incomprensible de Sevigny, quien, con el tiempo, se ha transformado de Catherine Deneuve en Bulle Ogier (dos actrices para un personaje, como Ángela Molina y Carole Bouquet).
Con la sencillez del aguien bien cultivado y leído, Oliveira propone una puesta en escena perfecta en elegancia e intención: un encuentro, una cena, entre aquella remota Sevigny y el sibilino personaje de Michel Piccoli, la promesa de una revelación, el ajuste de cuentas pendiente con la mirada fija no en la nostalgia sino en la decadencia, el cinismo, el impudor y el rijo de una propuesta de amor incumplido, varias bromas buñuelianas (el cocoricó marca de la casa para mantener entretenida a la crítica rumiante), el inm ortal asunto de la caja (¿qué podría haber en aquella dichosa caja?)..., en fin, todo es una magnífica excusa para que se solape Oliveira a la imagen de Buñuel con un resultado asombroso.
La pretensión de Oliveira sólo se ha conseguido en parte: ni tiene a Catherine Deneuve cuatro décadas después (es obvio que la estirada actriz rechazó el papel) ni se ha fundido su cine con el de Buñuel: "Belle toujours" conserva el plano y la "teatralidad" habituales de Oliveira, pero también conserva el aroma de su texto, siempre único, y referido aquí a asuntos trascendentales, como el absurdo consuelo del nunca es tarde, cuando es evidente que casi siempre lo es.
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