Autor crítica:
JAVIER CORTIJO
¿A qué sabe la nieve color sandía de las montañas de Colorado? ¿Hay vida extra más allá del nivel 256 del "Comecocos"? ¿Por qué no hay ninguna clínica estética llamada "Pelos y señales"? Grandes y tontos enigmas a los que se une otro tanto o más inquietante: ¿cómo es que un producto como "Borat" ha arrasado entre espectadores y críticos? Aunque, a decir verdad, los primeros forman la "masa social pastosa" medioamericana y british, y los segundos están en la jaula de los ornitorrincos, aunque les explote el corsé. Perogrullada: filmes como éste no dejan indiferente (ni sano) a casi nadie, y eso que, en el fondo, las aventuras de este reportero kazajo por EE.UU. no se elevan muchas pulgadas del nivel de "To er mundo e güeno" o "Cocodrilo Dundee", mezclado con un candor mesetario a lo Martínez Soria con el ADN de Torrente.
Sí, Borat es bestia. Muy bestia. Porque el mundo y la endogamia parda le hicieron así. Y pasea su machismo, mostrenquismo y antisemitismo (más que alianza de civilizaciones, habría que imponer en el filme una "alianza de circuncisiones") desde Nueva York a Los Ángeles bajo la manta zamorana de un falso documental, circunstancia que ha hecho derretirse a algunos cronistas de buena fe. Sin embargo, el ingenio que hay que derrochar para abordar tal género (no procede hablar de ucronía porque Kazajistán, evidentemente, existe) brilla por su ausencia aquí (recordemos "Zelig"), pues la chabacanería, la sal gruesa, la escatología a veces vomitiva y la provocación más "gonza" y golfa son las únicas armas de Borat (o su alter ego, Sacha Baron).
Cierto que algunas escenas dan en el blanco de la llaga yanqui, pero más por méritos ajenos (escalofriante ese aquelarre antidarwinista, ese rodeo con sonrisa congelada o esa cena de alcurnia sureña) que por los de un cómico entregado pero limitadito, que se limita a ir enrollando cual zarajo segoviano las tripas y excrementos que encuentra en el afilado palo de su mala leche. Incluso la "espontaneidad" de la que hace gala se queda tan escurrida como el tanga limón del menda en la traca final con Pamela Anderson y sus sospechosamente pasivos guardaespaldas. Y otra tontería para finiquitar: ¿por qué me da en la nariz que Jacques Tati engrosaría la cola del INEM si se le ocurriera nacer hoy día?
Qué puntuación le das? Opina!