Autor crítica:
FERNANDO BELZUNCE
Al bello Jude Law se le da bien Anthony Minguella. Las dos primeras veces que actuó para él, El talento de Mr. Ripley y Cold Mountain, se saldaron con sendas nominaciones al Oscar, así que la tercera era sólo cuestión de tiempo. En Breaking and Entering, uno de los filmes que el año pasado se rodaron con la cámara apuntando al Teatro Kodak -en vano-, interpreta a un joven arquitecto londinense cuya envidiable vida se altera tras conocer a una refugiada bosnia (Juliette Binoche) con la que entabla una relación sentimental.
Todo empieza cuando este paisajista, que vive con una novia idílica (Robin Wright Penn), instala junto a su socio (Martin Freeman) un moderno estudio en Kings Cross, una modesta zona de Londres que experimenta una ambiciosa regeneración urbana. Una banda de ladrones roba en el barrio una y otra vez. Hasta que el protagonista sigue a uno de los rateros y se sumerge así en un viaje al lado más oscuro de la ciudad y de sí mismo. El propio Minghella ha sufrido en su oficina trece robos en ocho meses, así que no le costó demasiado escribir esa peripecia del guión.
"Quería hacer un filme sobre Londres", explica el realizador, vecino de la capital británica. "Una de las cosas que amo es que está llena de gente de diferentes nacionalidades. Culturalmente es diversa, un verdadero crisol. Pero no nos damos cuenta de que la ciudad se sostiene en un grupo invisible de inmigrantes que viene para hacer los trabajos que nosotros odiamos. Son invisibles para el Estado de bienestar y también culturalmente, pero conforman un alto porcentaje de la población de Londres".
"Es una historia acerca de los mundos que se entrecruzan en la gran ciudad", subrayar Law, cuyo personaje queda atrapado entre la prosperidad que simboliza su novia y la marginación de la que procede su nueva amante. "Son mundos a los que a veces no les prestamos atención porque los damos por sentados o -peor aún- los respetamos pero de una manera paternalista".
Para el actor de Todos los hombres del rey, un intérprete en permanente estado de gracia y en las listas de hombres más sexys, Breaking and Entering le ha permitido progresar en su carrera gracias a la intervención de Binoche. "Es una de las personas más inspiradoras que alguna vez haya observado", define. "Posee una especie de libertad y de temeridad en su actuación que a la vez está enraizada en lo real y preciso. La actuación es parecida al deporte en el hecho de que cuando juegas con alguien bueno, mejora tu calidad. Al actuar con Juliette eres consciente de que estás mejorando tu juego".
Nieta de inmigrantes
La célebre actriz francesa, Oscar a la mejor secundaria por El paciente inglés, preparó su papel a conciencia en Sarajevo. Allí estudió el idioma y la cultura, y conoció a mujeres bosnias cuya experiencia en la guerra resultó vital para comprender su personaje. Una madre que se muestra capaz de todo con tal de salvar a su hijo.
"Mi abuela era inmigrante polaca, hablaba francés con acento polaco y era sastre. Cuando leí el guión me sorprendió, porque no esperaba que me resultara tan cercano", cuenta la bella actriz, que ha cautivado a los bosnios con su acento. El doblaje se ocupará de que sus esfuerzos apenas se aprecien.
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